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martes, 25 de agosto de 2020

Ojos negros / Vlady kociancich




Es cierto que en los viajes se conoce gente. 

Pero no es menos cierto que esas relaciones, a veces muy intensas, pasan como un relámpago. Todo viajero sabe que una amistad nacida por azar en algún punto de su itinerario muere en el término del viaje. Cartas, llamados telefónicos y postales, solo demoran el inevitable silencio, finalmente el olvido. Nadie lo sabía mejor que mi prima Clara. 
Antes de cumplir treinta años se había convertido en una profesional de ausencias. 
–No tengo imaginación para otra cosa –decía alegremente a la familia alarmada por tanto viaje largo y caro. 
Era explicable, sin embargo. Cuando Clara recibió la herencia del tío Sebastián, solo conocía Mar del Plata. 
–Quisiera ver algo de mundo –le explicó a Tito, el novio, un muchacho de Quilmes que tenía terror a los aviones–. Y después nos casamos. 

Clara compró un lujoso tour a Oriente –Thailandia, Malasia, India, cuarenta días– volvió, pasó un fin de semana con Tito, le contó el viaje, hizo la valija y ese mismo lunes partió a Londres, punto inicial de un recorrido por el norte de Europa. 

A la altura en que la herencia empezaba a menguar, también las regiones ignotas de la folletería turística. Mi prima, que saltaba de un país a otro como en una rayuela planetaria, un día vio que solo le faltaban dos cuadros para llegar al Cielo: Rusia y Perú. 
–Elegí Rusia porque me quedaba más cerca –me dijo con ese envidiable candor de los que aprenden geografía en los aeropuertos: el vuelo salía de Berlín y Clara estaba en Frankfurt. 
Insólitamente, porque no era mujer cavilosa, cuando llamaban a embarcar tuvo un presentimiento. 
–De algo triste. No de algo malo ni de peligroso. ¿Qué puede pasarte en un tour cinco estrellas y organizado como un curso escolar? Había una función del Bolshoi en Moscú, una visita a Kiev, un balneario en el Mar Negro, comidas, bailes y sinfónica. 

Pero mi prima se sentía igual que en el cielo de Berlín: encapotada y gris. Subió al avión sin ganas. Por primera vez en las etapas de su carrera de turista, pensó en Tito. 
–Pensé en cómo le gustaba que le contara cada viaje y eso me animó. Este iba a ser el último. 
Pensando en Tito, Clara fue atravesando las jornadas de su aventura rusa. Miraba y le contaba, mentalmente. La orquesta de señoritas que en el hotel de Moscú tocó “Adiós muchachos”. Las tétricas catacumbas de los monasterios de Kiev. La fábrica de partes de astronaves en Volgogrado. El mar bien negro que hacía honor a su nombre. Hasta que una mañana, exhausta y algo confundida, Clara se encontró caminando entre plantas de té. 
–Yo que nunca tomaba más que algún té en saquito, me emocionó, de una manera rara, ese verde ondulante, el cielo azul. Y sentí ganas de llorar. Estaba muy lejos de casa. 

Estaba en Georgia, le explicó su guía. Georgia. A Clara le daba igual el nombre. Quería volverse a Buenos Aires, ni sabía por qué. No había motivo, solamente esa extraña congoja al ver la plantación, como si la belleza del paisaje le desgarrara el alma. 

Durmió una siesta para tranquilizarse. Soñó con té. 
–Una lluvia de té, oscura y suave, que caía, caía. Yo era muy feliz debajo de la lluvia de té. Muy pero muy feliz. Vieras qué lindo sueño. 

A las ocho, el programa marcaba cena y baile en Gardenia. 
El guía les pidió “ropa formal”. Quería decir ni bermudas ni zapatillas, pero Clara, argentina al fin, se vistió como para una velada en el Colón. 

Mi prima no era nada fea a esa edad, con su brillante pelo rubio, sus ojos grandes, su delgadez graciosa y algo torpe, como de chica que no terminaba de crecer. De largo, en blanco y seda, estaría muy bonita. 
–Estaba muerta de vergüenza –me dijo. El Gardenia era una confitería, pero más bien de Club Social y Deportivo, con la gente del barrio, familias, chicos, haciendo rueda a los bailarines, mirando y aplaudiendo desde las mesas, y yo tan elegante, tan ridícula. 

Al rato se olvidó, en la fiesta inocente del Gardenia, en el salón iluminado a pleno, los parlantes tronando música vieja, rock and roll de Bill Haley, lentos de Los Plateros, y muchachos que esperaban respetuosos el turno de sacarla a bailar, como en un cumpleaños de quince de la década del cincuenta. 

Clara fue un éxito. Pero el guía, un joven con cara de viejo, estaba incómodo. Rezongaba, que eso no era Moscú, que eso era Georgia, un lugar atrasado, que ella no se hiciera una idea equivocada de la diversión rusa. Y agriamente, con una mueca desdeñosa, seleccionaba de la cola de postulantes que se iba formando en la mesa de Clara, a los mejor vestidos o más serios. Uno nunca pasó el examen. 
–Lo noté –dijo mi prima– a eso de medianoche. Quieto como una estatua. Alto, de traje verde oscuro. Primero vi el traje, de ese color tan raro, que le quedaba un poco chico. Después los ojos. Negros. Me hacían acordar a la canción. Ochichornia. Ojos Negros. Yo venía de bailar, descansaba un minuto y sentía los ojos. Eran como la música. Pegadizos y tristes. Una vez se acercó a la mesa, habló con el guía. Se había peinado para atrás, con mucha agua, pero un mechón le resbalaba sobre la cara, y de perfil era una cara hermosa. Él hablaba en voz baja, suavemente, mi guía chillando. Pregunté qué pasaba, si el señor quería bailar cuál era el problema. El guía sacudió la cabeza, furibundo. Y Ojos Negros se retiró a su sitio, el último en la cola. Clara protestó, aunque, la verdad, no entendía. Le daba lástima, le parecía injusto. El guía se mantuvo inflexible. Los turistas eran su prioridad y los georgianos –dijo enfáticamente– eran georgianos. Mi prima no insistió más, ya que estaba de paso, ya que el baile seguía y había comprometido otras piezas. 

En algún momento, sintió que paraban la música. Ella también paró. Su compañero, un chico de ojos muy celestes, la miró asombrado, tropezando. Todos bailaban a su alrededor. 
–No era la música. Era la ausencia –dijo Clara–. Ojos Negros se fue, yo me di cuenta, no me preguntes cómo. 
Los llevaron de vuelta al hotel, a mi prima y al puñado de belgas y de canadienses del tour, de madrugada. En el camino, Clara vio la tierra verde oscura de las plantaciones de té que salía a la luz muy despacio, una inmensa alfombra de hojas que se iba despegando en el cielo, y con la alfombra también un largo sentimiento de pena, como de irse para siempre, antes de visitar la casa adonde conducía. Clara pensó que, en realidad, estaba muerta de cansancio por tanto baile, en un lugar extraño, y nada más. 
–Cuando lo vi –dijo– no me asusté. Aunque había un alboroto en el hotel y la conserje movía las manos como desesperada llamando al guía, que corrió enojadísimo. Todos hablaban en ruso, me daban órdenes en ruso. Ojos Negros era el único tranquilo, con su traje verde y sus ojos mirándome, callado, tan triste y tan seguro de que yo lo entendía. 

Mi prima me describió la escena. 
El mostrador, en mitad del pasillo, suerte de paso fronterizo a las habitaciones, con la gorda conserje de uniforme azul que entregaba las llaves. Una guía de otro tour, junto a la gorda, las dos mujeres lagrimeando. El guía de Clara frente a dos hombres, casi en puntas de pie, autoritario, rojo de indignación. El hombre de los ojos negros con un paquete chico en la mano. A su lado, un hombre mayor; de traje gris, que hablaba a las mujeres y el guía en un tono conciliador, lleno de suspiros y ademanes. 

La gorda se tocó el pecho, cerró los ojos como si le doliera, tomó una llave y se la entregó a Clara, mientras murmuraba algo en ruso. Mi prima la rechazó. Entonces, el hombre mayor se dirigió a ella, suplicante. 
–Traduzca –dijo Clara, y de muy mal modo el guía obedeció. 
“Mi amigo aquí”, dijo el hombre mayor, “le ofrece su corazón para que usted lo tome. Mi amigo dice que la ama como un hombre de bien. Que él no encuentra las palabras justas, tan grande es este amor y por eso me ha pedido que sea yo quien le hable. Debo decirle que mi amigo es honrado, que es soltero, que es dueño de una casa y de buena tierra donde cultiva el té. Si usted toma a mi amigo por esposo, será feliz porque la ama tanto. Esto no me pidió que lo dijera”. Hubo un silencio. El guía dijo, entre dientes: 
–Georgianos. Qué locura. 
Clara pensaba en cómo responder sin ofenderlo. Luego, despacio y eligiendo cada palabra, dijo que estaba conmovida, pero que era imposible. Ella vivía muy lejos, tenía novio, iba a casarse ese año. 
–No podía mirarlo –me contó–. Fue muy difícil. 

Ojos Negros escuchó la traducción, asintiendo, sereno; algo más pálido que antes. Después habló y el amigo tradujo: 
“Quiere entonces que acepte esta pequeña ofrenda como recuerdo de su gran amor. Es el té de su casa”. 

Cuando todos se fueron, la conserje le preparó una taza en su propio samovar y se la llevó al cuarto. Era un té muy oscuro, casi negro. Clara tomó unos sorbos delante de la mujer, que la miraba con angustia y restregándose las manos. 
–No me di cuenta –dijo Clara– de que yo estaba llorando. 
Mi prima Clara no volvió a viajar. Cuando le preguntaban por qué, decía: 
–Es mucha ausencia. 
Tampoco se casó. Cuando le preguntaban por qué, decía: 
–El hombre que me quiso vive en Georgia y Georgia está muy lejos. 
La familia sostiene que viajar no siempre es bueno para todo el mundo. 

miércoles, 22 de abril de 2020

Esdras Parra / Poemas

Esdras Parra (1939 - 2004)  fue una poeta, ensayista, narradora y traductora transgénero venezolana. Se sometió a una operación de cambio de género en tiempos en que ni siquiera se hablaba de eso. Desarrolló una importante carrera literaria como ensayista y editora.  Fue fundadora y directora de la revista Imagen, publicó varias obras de narrativa bajo los títulos "El insurgente" , "Por el norte el mar de las Antillas" y "Juego limpio". Mantuvo una constante presencia en el mundo literario a través de publicaciones periódicas y como promotora cultural. Después de haber elegido el género femenino y luego de un largo silencio editorial, publica poesía:  "Suelo secreto", premio de la II Bienal de Mérida en 1993; "Antigüedad del frío" y "Aún no". Dejó varios poemas y textos inéditos, al igual que dibujos, actividad a la que se dedicó en sus últimos años. 



Soy la sobreviviente, mis costillas lo saben

por esos barrancos de sábila, a mediodía,
desaparecieron mis huesos
ahora camino en el alba, mi quietud esclarecida,
buscando donde hundir el colmillo
buscando la línea, la madera de mis dos piernas
que nace de las ramas, en aquel naranjo seco
y hambriento que trepaba al anochecer
por orden de mi ensueño de niño.

***

     ¿Bajo qué zumbido rueda la noche?
                                                                                   en 
ese despertar que sigue golpeando los ojos 
en la tierna madurez del durazno, en la 
muralla negra de la página en blanco 
en pleno cielo ciego 
la noche es una tregua del día 
destinada a morir 
un acontecimiento perdido por la historia 
una melodía resonante que hierve despacio 
que mueve los labios para hablar 
de los oscuros surcos del escarabajo.

***

Veo en mis sueños cómo el cuchillo corta el polvo 
                                         o entra despacio en mi corazón 
hay ocasiones en que el mundo pierde sus encantos 
entonces tomo el camino que me ha sido vedado 
y doy albergue a sus más oscuros secretos. 

recibe este cuerpo como si fuera nieve.

***

En esta tierra que llena mis oídos 
                  donde un pájaro canta 
en medio de la luz que florece bajo la brusca nieve 
o en el polvo sin origen 
veo el pensamiento que se forma en el agua 
la huella del oro impresa en el viento 
el tiempo que nunca tiene razón 
y jamás me revela lo que hace 
y derriba mis defensas.

***


¿He tenido razón en todos mis desórdenes?
no sabría salir del desconcierto
me ato al corcel que arrastra lo imposible
mientras su barca evade las palmeras y los caminos
            de cangrejos 

soy el animal lanzado a la aurora
bajo un cielo que arde en purísimas llamas
esas ánforas ya no contienen mi sangre
ese techo sólo corona mi inocencia
y
limpia
mi carrocería marcha sobre ruedas
sobre las flores y las fantasías de este mundo.

martes, 4 de junio de 2019

Hilda Rais // Poemas


Hilda Rais fue una escritora, poetisa y activista de género. Formó parte de grupos de acción feminista y diversidad sexual, como la Unión Feminista Argentina (UFA, organización creada por María Luisa Bemberg y Gabriela Cristeller. Grupo  que tuvo que disolverse porque en dictadura fue considerado como de ultraizquierda), Frente de Lucha de la Mujer (FLM), Grupo de Política Sexual (GPS), Centro de Estudios de la Mujer - (CEM, fundado por la investigadora y activista de género Gloria Bonder), Lugar de Mujer y la Asociación de Trabajo y Estudio sobre la Mujer (ATEM).  Integró la comisión que logró la sanción de la ley de patria potestad compartida en 1985. Trabajó activamente en la Asociación Sudestada de Escritoras de Buenos Aires, organizó en el año 2000 el Primer Encuentro Nacional de Escritoras.​ Con otras escritoras y siempre con neto enfoque feminista, escribió Diario colectivo (donde relata su propio aborto) , Salirse de madre , Locas por la cocina . Dictó  talleres de escritura para mujeres que nunca habían escrito, asimismo para aflojarles la mano a abogadas, psicólogas, sociólogas “que escriben tan mal”.


 Hilda Rais por Gabriela Cabezón Cámara Suplemento Soy. Página12.





Tanto tiempo mirando lo mismo.

Mientras duele
no quedarse los ojos muy cerca.

En convalescencia
la curva de una ola parece abrazo
y es rompiente.


               ***

Qué malicia descompone lo que hablamos?
¿la interpretación
la sordera sonora
la traductora pobre de vocabulario
el malentendido, el malmomento
la entonación, el tono, el tonito
la pena certeza de lo no decible?

Escuchar tu silencio me deshace
y quisiera olvidar lo que dijiste.


Palabras de intoxicación
cesen de retumbar.
Abrazo del amor silente.


               ***

En el imperio de santuarizar origen
molesta lo concebido, oscuro ruido

asestar identidad
rastrear genealogía
vestir atávicas raíces
creer que descender abriga

no hay amparo en una flecha
dibujada en un árbol ilustrado

ancestro no es herencia
rasgo facial no es tatuaje
nombre no es pertenencia


               ***


Hablar del miedo es algo tan tramposo 
no puedo contar con mi lenguaje
ella me habla y quiere que la escuche
y qué es lo que temo si sólo son palabras?

Es lo que sus palabras hacen con mis días.

               ***
“La vida no es sueño” 
Les habla una cocinera
que como toda mujer
hubo oficios de aprender:
hortelana y niñera,
madre, nodriza, partera
y, como todas, aquí,
por las leyes maltratada,
pretendo sea respetada
nuestra forma de vivir,
por ello os he de decir:
Un Papa nos extramura,
un rey de turno obedece
y ordena a sus feligreses
ficción de ley con premura:
disfrazar la dictadura.
El marqués José Vicente
sostiene razón prudente:
fetismo no es humanismo.
Hombre que piensa lo mismo
que mujer, es un valiente.
Entonces, pues, aclaremos
esta fiera confusión
este apriete, esta opresión
por si alguna vez dudamos;
puede que sí pues estamos
en tierra tan singular
que penaliza abortar
cuando la experiencia enseña
que la mujer es la dueña
de no desear maternar.
Sueña la iglesia que sabe, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando
y a todo mundo prohibe
discutir lo que prescribe:
qué delicia es permitida,
cuál querra es una Cruzada,
qué gente es la inadecuada y
vaticana y protegida
cuándo comienza la vida.
¿De qué vida conversamos?
Flores, pájaros, verduras,
animales de pastura,
son vida y no nos culpamos
cuando esa vida acabamos.
No se tome esto a broma:
una pluma no es paloma,
la semilla no es zapallo
y simiente no es caballo.
Hablemos, pues, de persona.
La idealización no evita
conocer algo profundo:
persona se es en el mundo
aunque sea pequeñita
si en otro cuerpo NO habita.
¿Es lo humano una ilusión,
una sombra, una ficción?
¿La raicilla, es rabanito?
¿Es la yema un pollito?
¿Tiene un huevito razón?
¿Es la masa un pan horneado?
¿Un poroto, es un guisado?
¿Es un chocho carbonada
o la aceituna empanada?
¿La escama, es un pescado?
Tanto ejemplo no es en vano,
el semen no es un enano,
el óvulo no es doncella,
cigoto no es vida bella,
EMBRION NO ES SER HUMANO.

miércoles, 20 de junio de 2018

Camila sosa Villada // Poemas

Camila Sosa Villada es una artista travesti militante cordobesa. Estudió Ciencias de la Comunicación y se licenció en Teatro en la Universidad Naciona de Córdoba. Es actriz, escritora, dramaturga y directora de teatro. Ganó varios premios como actriz, hizo teatro, cine y televisión. Este año se publicó su segundo libro, El viaje inútil, un ensayo en clave biográfica. El primero fue una edición de los poemas de su blog: La novia de Sandro. Les compartimos algunos!


Poemas

Instrucciones para mi muerte 1
en mi epitafio debería leerse:
aquí yace carne de arrabal que fue pudriéndose en vida,
todo su cuerpo estaba lleno
de pequeñas pero insoslayables cicatrices,
su pelo era oscuro y estaba un poco seco.
vivió como una dragqueen las veinticuatro horas del día,
fue travesti hasta la muerte.
pensaba que el mundo era profundamente homosexual.
creyó.
tuvo una profunda fe, hecha de antiguas decepciones.
creyó en la vegetación, en las selvas,
en las porciones vírgenes de la tierra,
creyó en un corazón-imán que nos mantiene atados
a este planeta y a este destino,
creyó en el destino y en el azar,
creyó en la muerte,
en los hombres que amó aun cuando mintieran,
tenía fe ciega en que siempre es más noble
la mentira de vivir en otro mundo,
que la miserable verdad que nos da como limosna el capitalismo.
creyó en sí misma, se conoció,
se tomó el corazón con la mano y le cosió la palabra: resiste.
creyó en la resistencia, en lo salvaje,
en las mujeres salvajes,
en los territorios salvajes donde se muerde y se lame
para decir lo mismo.
creyó en la ternura, en el precio de la ternura,
creyó en la fiebre, en el dolor, en la vejez
y en la rabia.
fue rabia contundente, indomable y necesaria.
creyó y amó e hizo daño como cualquiera
aunque eso no justifique ninguna de estas tres estupideces.
sobre el final de su vida fue escabulléndose en su idea de sí misma,
fue encontrando una madre y un padre en su propio pecho.
un asilo para ella y su infancia, como las carpas que se hacen de niños
en el patio de la casa.
quiso ser madre y tuvo madera para serlo
pero en los dados fue desafortunada.
como hechos significativos logró colgarse de un trapecio,
visitó finlandia y sólo finlandia,
fue actriz y prostituta,
le costaba diferenciar en qué momento era una
y en qué momento era la otra.
conoció el mar a los 30 años y quedó sangrando.
escuchó buena música y se traicionó,
una y otra vez, una y otra vez,
como si una vez fuera demasiado poco.
a las cartas de amor las comenzaba pidiendo perdón,
su último amor fue es y será el único.
no gustaba a los hombres, pero les sacudía el espíritu.
ya lo decía el blues: nadie es perfecto porque nadie es libre,
los desengaños amorosos ajaron su carne,
resecaron su corazón y le cambiaron la índole:
su dulzura se agrió.
le llevó toda la vida reconciliarse con su padres.
la razón de su cansancio eran 33 años
de la más agresiva resistencia a todo.
le gustaba sonreír pero no le gustaban sus dientes.
el público fue el esposo que decidió conservar.
con la tristeza bailaba todos los días el vals.
murió feliz pronunciando los nombres de sus amigos,
hizo cruzar sus recuerdos hasta el más allá.
para justificar su carne le bastaba
una foto de niño en la que se revelaba
que el mundo debía tratarlo con más piedad.
***
Instrucciones para mi muerte 2
La máquina del mundo vomita humo,
Escupe para arriba, sus mil sobras y lamentos.
Del cielo nos llueve un ácido que perfora
El endeble futuro cada vez más breve.
Al grito de alguna sirena se produce,
Se ordena, se activan las bombas,
Se prende la luz de los 10 mandamientos
En la estéril Wall Street
Se ponen en marcha los engranajes asesinos,
Las religiones activan sus artificios de seducción.
La única solución que supimos encontrar
Para la falta de dios y de ternura,
Es sembrar, sembrar aquí y allá,
Construir, mezclar los metales,
Cambiar el curso de los ríos y contenerlos,
En profundos diques en los que duermen
Muertos anónimos.
Pudimos tocar la superficie de la luna,
(Hasta que sea demostrado lo contrario)
Pudimos comunicarnos al instante
Con los amores que están cruzando el océano,
Pero no podemos evitar aún la triste matanza
Que repetimos, una y otra vez,
Hasta perder la índole en los vertideros de sangre.
Nos ha sido prestada una bestia para ser huéspedes
Con nuestras pobres almas huérfanas,
Somos huéspedes de un cuerpo que resiste incluso
Más allá de la muerte, con todas sus armas,
Las embestidas del deterioro.
La bestia que nos aloja aprende a hablar,
Le susurramos las órdenes que ejecuta a la perfección,
Y es similar, en forma y espíritu,
A las demás bestias que pueblan los continentes y los mares.
Y aún en nuestra calidad de huéspedes,
somos incapaces de frenar la matanza.
Todos los días muere una travesti.
Muere asesinada por un cliente,
Por un fascista, por un ciego violento.
Muere de soledad, muere de tristeza,
Muere ahogada en silicona líquida que
La hace implosionar como esos volcanes
Que nos cubren de cenizas y muy de cuando en cuando,
Con suerte, de fosforescente lava.
Mueren de sida, en hospitales públicos
A los que con suerte, alguna compañera de ruta,
Se acerca a decirle con desesperación: todavía no cruces.
Mueren de frío, de hambre, de orfandad,
De malos recuerdos,
De unas depresiones profundas de las que el mundo,
Con sus mil artes para excavar y extraer,
No puede sacar nada más que lágrimas.
Lágrimas de ojos de hombre
Con una transparencia de mujer.
Todos los días, al despuntar el alba,
En la superficie de la tierra,
Mueren las travestis anónimas,
O mejor dicho, innominadas.
Y son pocos los que lloran tan triste pérdida.
La pérdida de las guerreras,
De las amazonas del cemento
Que aún en su máscara de maquillajes,
Ejercen su libertad.
Y qué se hace en la máquina del mundo?
Se sigue echando humo, poniendo a funcionar
Las fábricas,
Ordenando en filas a los estudiantes,
Dictando el gusto de las naciones,
Mezclando con el agua las mil supuraciones
De la revolución industrial.
Las travestis no hacen marchas multitudinarias
Que son mostradas en todos los medios de comunicación
Para evitar su matanza.
No.
Aprovechan una vez al año la indiscreción del gay parade,
Y salen a revolear sus pezones como mariposas emperadoras,
a menear el culo de una vereda a la otra
y a confirmar que la única causa por la que vale la pena morir
es la libertad y el amor a esa bestia que nos fue prestada
En esta corta zona de desamparo llamada vida.
***
La selección natural perdió el rumbo
la selección natural perdió el rumbo
y el hombre se siente por encima de la fauna y de la flora,
los cazadores por encima de la víctima.
los jóvenes se sienten superiores a los viejos,
los hombres creen ser mejores que las mujeres,
las mujeres creen ser mejores que los hombres.
hombres, mujeres, niños, adolescentes y ancianos
creen ser superiores a las travestis.
el rico se siente superior al pobre
el contemporáneo se siente mejor que el clásico
y el clásico hace volar el barrilete de su eternidad.
los heterosexuales se creen mejor que los homosexuales
pero el homosexual con dinero se siente mejor que el puto pobre.
el homosexual atlético saborea su imagen en el espejo,
y su narcisimo le hace creer que es mejor que
el maricón gordo que lamenta no ser mejor que nadie.
los bellos subestiman a los feos,
los inteligentes a los tontos,
los tontos a todo el mundo.
la familia es superior a la soledad.
las mujeres y los niños siempre van primero.
todos creemos merecer algo por haber vivido.
sólo es necesario alguien que nos haga reír,
no creo en merecimientos,
sólo sé que las plantas son superiores a todos
y los perros son las mejores mascotas.
nina simone es mejor que sus colegas,
y nadie podrá igualar a jessica lange.
mi vieja es la mejor cocinera del mundo,
y a las historias de amor hay que hablarlas en primera persona.
al fin y al cabo, en esta partida de justicias e injusticias,
la muerte siempre tiene las mejores cartas.

miércoles, 6 de junio de 2018

Carmen Berenguer // Poemas

Carmen Berenguer es una poeta, cronista y artista visual chilena. Pertenece al grupo de poetas que irrumpió en los años 1980, en plena dictadura de Augusto Pinochet. Una de las principales voces femeninas de resistencia y denuncia ante la represión,  se convirtió en un personaje ineludible del paisaje poético chileno. Fue íntima de las Yeguas del Apocalipsis, el irreverente dúo formado por Francisco Casas y Pedro Lemebel. Fue editora de revistas y organizó en 1987, junto con otras escritoras, el Primer Congreso de Literatura Femenina. Es la segunda mujer y única chilena que ha ganado en Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda y estuvo nominada al Premio Nacional de Literatura. Su poesía ha sido traducida a diversos idiomas. Ha incursionado en la crónica, practicado el arte audiovisual y realizado performances.

Su obra conjuga opinión política, crítica cultural y reflexión sobre el lenguaje. Explora texturas orales y escritas sobre una estética altamente provocadora. Su producción poética manifiesta el compromiso social en temas vinculados a la ciudad y sus problemáticas, a la política y el mercado, al género femenino y a los nexos entre el cuerpo y la lengua. La mezcla de géneros literarios conforma los ejes de una obra sugerente de gran espesor simbólico y cultural.




Poemas


Desconocido
               

Un hombre a quién no conocía
aparece en los diarios de todo el país.
Está tirado en la calle
tiene el cuerpo perforado:
Ahora todos lo conocemos.


***

Loba

De dónde esta mueca
Esta boca este rostro
Esta máscara este abrigo
De dónde esta locura
De acompañarte por las noches
Con este negro y este rojo
Esta bufanda que es una bufonada
Y esta vitrina que devuelve esta pirueta
Esta artesanal pinta hecha a la medida.
Y esta lengua de loba despistada
Que te lame.

Vampiros 

Mi carne para su goce
Mi orgullo para su látigo
Mi protesta para su cárcel
Mi infierno para su edén
Mi amuleto para su suerte
Mi locura para sus sueños
Mi muerte para su vida

                                                ***

ahora
mi apreciada realización es ir hacia el poema que aguarda sutil
surge ese pedazo de material que nos quedó extraviado en algún hueco del armario será este recorrido 
extraordinario si llego a encontrarlo
aquí está latente la palabra que se nos había escapado al construirlo
quizá ya nada sea de igual modo y no lo es por cierto aquello quedó así
y nos guarecimos como pudimos y aquello nos recorrió el espinazo lo sentimos juntos escalofrío y miré 
mi plantación de cardenales rojos han sobrevivido tres esperando el agua y la noche fría siempre fría y 
nada de esto era y es realmente importante

la noche llega llegan los amigos y ahí están las ensaladas todas ellas con frutas manzanas pan rallado 
ajo gajos dulces y pequeños acariciando las espinacas ese contraste de colores verde rojo verde en el 
tiempo finalmente el párpado se achica y es apreciado el encuentro
hace un tantito   

qué hay de extraño en la planicie de la cama el plisado de las sábanas
qué hay de entumecido el resto que ha quedado guardado allí
si yo lo he palpado noche a noche

podría decir lo mismo del amor que nos guardamos del amor que nos guarece
ayer me hablaste fuerte y te lo hice saber que ya no me quieres ahora vieja
podrás requererme sin la paciencia  ahora cuando la pasión está despierta

y la serie de cactus se propaga como locuaces ardides y le crecen flores entre las espinas y voy viendo 
una nueva variante ramificaciones y túneles en la misma ventana huésped del tiempo transitado como 
una oruga arrastrando el paso a paso
nada de reverberaciones

ahí sola en el tiempo nada vociferante demasiado ruido ambiental
en una longitud mínima una mujer con el rostro tapado y una limpiadora en mano arremete en el 
silencio de la noche

***

Oda a mi huerto de pelos
Ahora recojo unas puntas y las junto a las otras y no he cepillado ni peinado solo mojadas mecha a mecha las enhebro y las levanto con un soplo de vida
como  manto de olvido por el brazo herido y manca levanto al vuelo las puntas y las engarzo con flores de coliflor y serpenteados de tomates chicos simulando un huerto en mi  cabeza en una escena de arte de chacra cubre mi tiznado porvenir
Al otro día revuelvo los lazos de cabello y me asoman albahacas y hierba buena y solo levanto la parte de atrás y la aprieto con una aldaba de apio
Soy me digo: la mujer de la peineta morada que almidona la tristeza como si yo pudiera hablar altisonante o yo quisiera sumarme a la tradición de la palabra
como si mi palabra fuera la palabra hecha verbo y fuera dueña
de mi cabellera y la manejara a mi antojo
en una manada de hojas verdes
en mis negras hebras
no estoy obligada a escuchar palabras
de un pequeño dios que me ahoga con ingredientes sempiternos
ahora suelto una cascada invertebrada relumbra de luciérnagas intermitentes engarzando el torrente de puntas de colores para colgarla en un espino

performance de mi huerto

miércoles, 30 de mayo de 2018

Marina Mariasch / poesías

Marina Mariasch es una poeta, escritora, crítica, traductora, periodista y docente argentina. Estudió Letras y Sociología de la Cultura. Publicó novelas, cuentos y poesía, así como artículos en diversos medios de crítica cultural de Argentina y otros países. Sus textos han sido traducidos al inglés, francés, alemán, portugués, finlandés, entre otros idiomas.Como periodista trabajó en gráfica, radio y televisión como investigadora, columnista y conductora. Creó el sello editorial Siesta de poesía, que publicó a los autores más relevantes de la Generación del '90: Gabriela Bejerman, Washington Cucurto, Cecilia Pavón, Martín Rodríguez. Formó parte  del colectivo literario "Máquina de lavar". Es militante y activista de género, diversidad y derechos humanos, es integrante del colectivo de organizadoras de "Ni Una Menos" y miembro del equipo de Latfem noticias.




La pija de Hegel
Respeto a tu novia antes que a vos
Por qué te elige? Por qué te elijo?
Cada vez que me está por venir pienso
en la vez que lo hicimos sin forro
que son todas las veces porque forro
no te gusta y pienso que esta vez…
si quedo me lo quedo si quedo
me lo saco y vos vas a pensar


que soy la hoguera el mal que hago
lo que quiero, cualquier cosa por tener
mi bebé, ser mamá y cumplir el sueño
de escribir poemas de ama de casa
tardía. todo con candado vos, tu barba
me siento débil elemental y no me importa.
caigo dos veces sobre la misma trampa
no me convenís, no me conviene quedarme
en casa mientras vos salís, igual no creas
que no te quiero. dónde están mis estudios
mi carrera de torera inafectable? no soy mejor
desde que te dejé. no es tan fácil
abandonar a las personas. nos reímos
de la religión pero no podemos vivir
sin venerarlos. sos una estrella de rock
sin banda, yo un desbande emocional
que te tira la bombacha, se pierde
en el montón por cualquier cosa
que le des, incluso mala. Vivimos
en pie de guerra.
El dolor del macho se traduce en enojo.
Dice: ¿existís? ¿vos también escribís?
y gana con su nombre,
es feminista explícito y amante de los derechos
de todas y todos y defensor pero el primero
que una vez que coge ya no llama
al macho intelectual no le importa tu familia
se hace el antibortista, le caen mal tus amigas
con sus mil y un novios
se siente incómodo a donde lo llevás
prefiere el terreno seguro de un shopping bien ubicado
donde saca la tarjeta
dejá de preocuparte por las tildes, machito pone
buscás corte carré para dominar
me decís eso te queda mal
no tenés pop
no perdamos el humor
Qué te pasó? no, en serio, qué te dolió tanto
para armarte esa soldadura de libros viejos
y duros para enamorar a una chica y tener amigos
vivimos en una paz armada, listos
para desfundar si hace falta.
Salís a la luz en el cuarto oscuro
hablás fuerte, retumba
Generás tu propio eco
Querés que te griten
sos un ashco te adoro
Te importa permanecer, estar vigente
Las antologías políticas son tu fuerte
Y te las bancan tus *dudes*
Esto es un cuchillo, la paz armada.
Estamos re susceptibles, como siempre
Es más, recién se me acaba de ir.
Todas queremos nuestra parte
del pacto, el toro mecánico.
Vamos al choque, leeme algo tuyo
Antes de dormir, la economía,
quién paga qué?
No te gusta que yo salga en fotos públicas ni que tenga
1000 amigos, siempre una excusa, te excita el agujero
de mi pantalón de entrecasa
lentes de marca, la vaca atada.
No me querés en la vereda opuesta, no te convence
tu independencia sin la estructura, los pilares que pinto
cuando te vengo al pelo,
eso que idealizás en diez años ya no existe,
le veo un aura oscura
Estamos pendientes de nuestros propios
idahos privados, eso que avanza
al bosque de los captchas
nos tenemos bloqueados,
separás las aguas
mi mujer/mis putas, no entendés que somos
todas a la vez las categorías
son anillos de fantasía.

***
Querida Marina

No me gusta el título
ya lo escuché en otro lado.
Parece el título
de una canción de Bon Jovi
solista o de Leonard
Cohen o de ¿Andersen
eran? Los hermanos que
fabulaban. O no,
nada que ver, de Bioy
Cortázar, esos que te hecen amar
a los 18 y después
odiás. La parte afectadita
literario-pop es la que menos
me gusta. Me gusta
la parte industrial, hit trolo
es decir: femenino. ¿Son “las chicas”
las que hacen cortar tanto? No sé
no sé por qué
la insistencia. Cortar versos
¿Cuál es? Me gustaría que un día
me expliques esos cortes. Ni ahí
los entiendo. ¿Por qué
todas las chicas hablan mal
de sus ex-novios? ¿Por qué
qieren tener bebés?
¿Lo de los cuerpos deformados?
Ah, sí. Pero más denotativo que esto
difícil. Gestos punk
como poner música fuerte
para joder al vecino
en la tarde del viernes más cálido del año.
Pero es el movimiento doble del realismo
que amo. Es el ritmo, aquí,
lo que estremece.

***

Soy-ex

Nunca fui sexy
para mi papá:
un gato,
un oso,
un perro,
un león.
¿Me soltás?
¡Destiérrenme!
Ya incendié “cadáveres”,
castigué bebés
y encerré ancianos.
Supe hablar varios idiomas.
Bailar tango, flamenco y folclor
lento
rápido
te tapé en la cama
una noche que hacía calor.
Alguien dice que se comería mi pelo:
-“¡pura proteína!”
Pero: qué pasa-
rá?
Pienso en cruzar
a la terraza de esa vieja
que tiende la ropa al sol.
Pero creo que una piedra es un sapo,
ya estoy de otro color.
Entonces sigo adentro de este jean
donde hasta soy capaz
de abrocharme
los botones de la cream.
Me extraña
producir calor.
Lo extraño-
es algo innato.
Como las manchas
hereditarias
cambian de color.
¿Debería llamarte Canasta?
Cuando dicen no hay
momento mejor para comprar,
¿suponen una recuperación del valor?
Todos los días se cumple el aniversario
de un atentado.
Nunca fui Tweety ni Chilly Willy,
me habría gastado el dedo
en esas esponjitas
para contar dinero.
Se diría que el terror en los animales
es más evidente.
¿Cómo puedo estar llorando en el supermercado?
¡Un exceso de poesía!
Pero hago esfuerzos:
pensar en lo más más feo.
Ya está.





(están desactualizados pero tienen mucho material)