lunes, 4 de diciembre de 2017

Valeria Luiselli // Relingos

Valeria Luiselli es una escritora mexicana, autora de ensayos, novelas y publicaciones en varios periódicos y revistas. La critica alemana la ha llamado la nueva revelación de las letras latinoamericanas.​ Escribe una columna semanal en El País. Su trabajo más reciente es un ensayo sobre los niños migrantes.


RELINGOS 

Obra suspendida 

En el Paseo de la Reforma, soberbia faz que simula la entrada a una ciudad de México imperial que desde luego ya no existe, hay un cuadrángulo de pequeñas ausencias, de plazuelas donde hubo algo que ahora son sólo huecos. Como si a la sonrisa perfecta y señorial de la Madame de la Reforma le faltaran ahora algunos dientes. Sabrá Dios —y acaso Salvador Novo— qué hubo antes en esos espacios vacíos, hoy meras reminiscencias de un pasado de grandeza. 

En ciertas esquinas del crucero de Reforma, Hidalgo y el Eje 1 Norte Mosqueta, más o menos a la altura del metro y en los alrededores inmediatos de este enorme crucero, hay una zona de terrenos vagos, espacios residuales abandonados al ir y venir perpetuo de lonas de vendedores ambulantes, turistas, repartidores de mercancías, ladronzuelos, indigentes, paseantes, polvo. 

El accidente urbano, por llamarlo de alguna manera, ocurrió durante la ampliación del Paseo de la Reforma en los años sesenta. Con el nuevo trazo y ampliación de la avenida vino una oleada de demoliciones de los edificios de la zona. Como la nueva franja de calle atravesaba diagonalmente el trazado ortogonal de la ciudad, algunos lotes rectangulares se volvieron triangulares o trapezoides, y como resultaba inconcebible a la construcción de nuevos edificios en los espacios irregulares que le «sobraron» al Paseo, se fueron quedando estos trapecios y triángulos de asfalto y adoquín, como piezas sobrantes de un rompecabezas. Ya nadie recuerda el origen y propósito de estos pedazos de ciudad, pero nadie se atreve tampoco a desecharlos ni a usarlos del todo. 

Un grupo de arquitectos de la Universidad Nacional Autónoma de México, dirigidos por Carlos González Lobo, ha bautizado estos espacios, estas sobras urbanas, con el nombre de «relingos». No me queda claro de dónde viene el término, pero imagino que puede estar relacionado con las «realengas», vieja voz castellana que se refería a las tierras marginales de la corona, abandonadas o en desuso. (Extraños avatares de las palabras: ahora, en ciertos países latinoamericanos, «realenga» se utiliza para hablar de un animal que no tiene dueño, y en otros, la palabra es sinónimo de «holgazán».) 

No soy experta en la historia de la arquitectura, pero puedo afirmar con algún grado de confianza que el relingo es una derivación chilanga de otra idea: los terraines vagues del arquitecto catalán Ignasi de Solà-Morales. Al igual que los relingos, el terraine vague es un espacio urbano ambiguo, un lote baldío sin bordes definidos ni bardas delimitantes, una especie de terreno al margen de la vida metropolitana, si bien físicamente se puede encontrar en pleno centro de una ciudad, en el crucero de dos avenidas principales, o debajo de un puente recién construido. 

Saliendo por la boca del metro Hidalgo más cercana a la Iglesia de San Judas Tadeo —justo detrás de un altar de la virgen de Guadalupe en el que se exhibe un mosaico donde supuestamente apareció una mancha de humedad con la forma exacta de la madre de todos los mexicanos—, hay una pequeña plaza en forma de triángulo. En medio de la plaza, una gran fuente en homenaje a la labor de los periodistas mexicanos, borbotea y escupe chisguetes de aguas grises donde los indigentes de la zona llegan, con su barra de jabón y su toalla, a lavarse la cara y el cuerpo bajo la estatua de Francisco Zarco. Esa misma plaza se convierte, a cierta hora de la tarde, en una cancha de fútbol rápido, y los domingos a mediodía, se vuelve a transformar en sede de una tertulia de sordomudos que salen de la misa para sordos de San Judas. 

Un arquitecto diseñó, para este relingo, una Casa de Artes y Oficios para Sordos. El espacio, según los planos que me mostró, albergaría la Liga de Sordos de San Hipólito y la compañía de teatro de sordos Seña y Verbo. Así, los sordos de la misa de San Judas tendrían un espacio para prolongar indefinidamente las tertulias dominicales. Pero por ahora, la Casa de Artes y Oficios es sólo un proyecto; y es probable, como sucede con tantas buenas intenciones, que se le adelante un nuevo supermercado o una oficia de teléfonos. 

Se usará grúa 

La arquitectura, según Roland Barthes, debe ser al mismo tiempo la proyección de un imposible y la puesta en práctica de un orden funcional. En su ensayo sobre la Torre Eiffel cuenta que en 1881, poco antes de la construcción de la antena gigante, un arquitecto francés había imaginado «una torre solar» para el —hasta entonces vacío— Champ de Mars. La torre, según la descripción del arquitecto, tendría una enorme hoguera que, por medio de un sistema complejo de espejos, iluminaría la ciudad entera. En el último piso de la torre, coronando el gran farol de hierro, habría un espacio para que los inválidos de la ciudad pudieran subir a respirar el aire puro de París. 

Aunque a la descripción de la torre solar le faltan algunas precisiones —por ejemplo, uno se pregunta si los espejos para reflejar la luz de la hoguera gigante se instalarían alrededor de la ciudad o sobre la misma torre, o cómo llegarían los inválidos hasta la cima de la estructura y, una vez ahí, cómo harían para no achicharrarse—, la sola idea es perfecta en un sentido arquitectónico: un sueño desquiciado y semifuncional. O en todo caso a mí, que soy incapaz de imaginar cosas en tres dimensiones, me resulta fascinante pensar que una persona se haya parado en medio de un espacio vacío y haya concebido en él los detalles de un edificio lleno de sordomudos interpretando Macbeth o una torre en cuya cima estuvieran los inválidos parisinos calentándose las manos en una hoguera gigante. Los espacios sobreviven al paso del tiempo de la misma manera que sobrevive una persona a su muerte: en esa alianza estrecha entre la memoria y la imaginación. Los lugares existen en tanto sigamos pensando en ellos, imaginando en ellos; en tanto los recordemos, nos recordemos ahí, y recordemos lo que imaginamos en ellos. 

Aquí no se dan informes 

Cerca del antiguo hospital de San Hipólito —«Primer hospital para dementes que hubo en América, fundado por Bernardo Álvarez en 1577», y ahora recinto que alberga el bar La Hostería de los Bohemios—, sigue en pie el edificio donde antiguamente estaba la Biblioteca Miguel de Cervantes. Dos policías custodian su fachada: uno largo, melancólico y quijotesco; el otro, chaparro y chato. 

No quisiera aseverar que el carácter del mexicano es tal o cual cosa; si algo me elude por completo es el carácter de mis conciudadanos, y si algún interés no tengo es el de ensayar ahora una definición. Pero empiezo a sospechar que no es mera coincidencia el hecho de que cada vez que he intentado entrar a algún recinto con aires oficiales, se me hace alguna variación de la pregunta «¿de parte de quién viene?». Declarar que uno no viene de parte de nadie, que nadie lo recomienda ni va forzosamente a ver a un licenciado en particular, sino que uno está paseando, sólo paseando, que tiene ganas de ver el techo del edificio —¡porque sí!—, parece desconcertar a los ángeles azules que custodian la entrada a los paraísos oficiales de esta ciudad. 

Pero si uno tiene la paciencia suficiente, los dos policías de la Cervantes terminan por dejarlo pasar, ándele no sea malito, al interior en ruinas de la ex biblioteca. Adentro, no hay vestigio alguno de los libros que pasaron por ahí —acaso algún tornillo que aún se aferra a la pared despellejada donde antes se empotró una estantería—. Pero en el ambiente hay un no sé qué libresco: aire pesado, tufo a tinta desperdiciada, ideas encuadernadas en tapa dura. 

La exbiblioteca se utiliza ahora como un pequeño y, hasta donde pude entender, no muy oficial taller de restauración de murales. A lo largo del primer piso de la biblioteca están dispuestas seis o siete mesas largas, y sobre ellas, languidecen paneles de un mural de los años treinta pintado por Ramón Alva de la Canal: Principio de la escritura, se llama. 

Un hombre pequeño, topesco y desconfiado (el director del taller), se acercó a ahuyentarme en cuanto me vio cruzar el arco del umbral en compañía de uno RELINGOS 65 de los dos policías. Pero el ángel de azul, ya de mi lado, le declaró enseguida mis buenas intenciones: que dice la señorita que lo viene a ver a usted. 

En cada sección del mural se registra a un momento distinto de la historia grá- fica de la humanidad, empezando por una imagen sencilla y casi tierna de los primeros trazos temblorosos sobre la pared de alguna cueva, y terminando por una suerte del himno estridentista a la gran industria de la prensa moderna. Se antoja un poco irónico que ese preciso mural, Principio de la escritura, estuviera siendo restaurado en la ex biblioteca, donde no queda ni un solo libro. La imagen de la biblioteca vacía y en ruinas donde se encuentra ahora este mural, también en ruinas, debería quizá constituir el séptimo e inexistente panel para completar la serie: 

1. Pintura rupestre 
2. Escritura cuneiforme 
3. Papiros y jeroglíficos 
4. El alfabeto 
5. Johannes Gutenberg 
6. Imprenta moderna 
7. Decadencia de bibliotecas y librerías 

Se compran bibliotecas 

Se ha comparado muchas veces a las ciudades con el lenguaje: se puede leer una ciudad, se dice, como se lee un libro. Pero la metáfora se puede invertir. Los paseos que hacemos a lo largo de las lecturas, trazan los espacios que habitamos en la intimidad. Hay textos que serán siempre nuestros callejones sin salida; fragmentos que serán un puente. T. S. Eliot: una planta que crece entre el debris de un edificio derrumbado: «¿Cuáles son las raíces que prenden, qué ramas / brotan de este cascajo?». Salvador Novo: un paseo transformado en vía de alta velocidad. Tomás Segovia: una alameda, un respiro; Roberto Bolaño: una azotea; Isabel Allende: un shopping mal (realmaravilloso); Deleuze: un tope; Derrida: un bache; Robert Walser: una grieta en el muro, para asomarse al otro lado; Baudelaire: una sala de espera; Hannah Arendt: una torre, un punto arquimediano; Heidegger: un callejón sin salida; Benjamin: una calle de un solo sentido, transitada en contracorriente. Y todo lo que no hemos leído: un relingo: el vacío en el corazón de la ciudad. 

Reparación garantizada 

Restaurar: maquillar espacios que deja en cualquier superficie el taladro del tiempo. Escribir es un proceso de restauración a la inversa. Un restaurador rellena huecos en una superficie donde ya existe una imagen más o menos acabada; el escritor, en cambio, trabaja a partir de las fisuras y los huecos. En esto se parecen el arquitecto y el escritor. Escribir: rellenar relingos. 

No, escribir no es rellenar huecos (construir una casa, un edificio, en un espacio vacío tampoco lo es necesariamente). Quizá sea más acertada la imagen de los bonsáis de Alejandro Zambra: «Escritor es el que borra… Cortar, podar: encontrar una forma que ya estaba ahí».  Pero las palabras no son plantas y, en todo caso, los jardines son para los poetas de corazón: los de corazón ajardinado. La prosa es para los que tienen espíritu de albañil. 
Escribir: taladrar paredes, romper ventanas, dinamitar edificios. Excavaciones profundas para encontrar —¿encontrar qué?—, no encontrar nada. 

Escritor es el que distribuye silencios y vacíos. 

Escribir: hacerle hueco a la lectura. 

Escribir: hacer relingos.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Viernes_Ilustradas - Sally Nixon

Sally Nixon
Mujeres leyendo, duchándose, poniéndose las medias o untando una tostada. Chicas en situaciones cotidianas haciendo cosas cotidianas. Sin posar y sin mirar “a cámara”. Esta es la premisa de la que parten las ilustraciones de Sally Nixon,  ilustradora estadounidense que quiso retarse a sí misma dibujando una mujer en su día a día durante 1 año. Un proyecto con el que muchas mujeres pueden identificarse.  Las protagonistas de sus dibujos se alejan del juicio al que las mujeres están constantemente sometidas (en la publicidad, por ejemplo) para mostrarse naturales y sin complejos. 
 Sus ilustraciones coloridas y detallistas nos sumergen en el universo femenino; mujeres siendo mujeres sin poses provocativas, ni sonrisas forzadas, ni hipersexualización. Imprescindible. 









Más de su trabajo: http://sally-nixon.squarespace.com/

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Mujeres_al_Lente - Chieska Fortune Smith

Chieska Fortune Smith 
Fotògrafa estadounidense, nació en Baltimore, hija de bailarina japonesa y cantante de soul estadounidense con raíces afro y nativo americanas. Vivió en Japón durante 8 años donde comenzó con la fotografía de la calle y el registro de las relaciones personales cercanas entre familiares y amigos. Se mudó al Reino Unido en 2009, donde conoció a los integrantes que formaban parte del grupo conocido como Young Satellites, del que forma parte desde 2013.
Sus fotografías  en blanco y negro en la vida cotidiana, con hermosos ángulos de tinte nostálgico y, a veces, incluso oscuro. Todas las personas fotografiadas son sus amigos, quienes espontáneamente, sin ninguna prescripción de posado, han dado lugar a un bello momento y una bella escena, capturada por su cámara.
 La mirada fotográfica demuestra que hay belleza en cada ser humano. A veces retrata en otros lo que está sintiendo y no es capaz de verbalizar.  
Le gusta lo digital, pero, por otra parte, le encanta el elemento sorpresa que añade la película analógica, donde nunca sabes con exactitud qué sucederá. Así que mayoritariamente hace fotos con película y luego las pos-produce con software digital.







s de su obra: http://chieskafortunesmith.co.uk/



lunes, 27 de noviembre de 2017

Margaret Atwood / El cuento de la criada

Margaret Atwood es una poeta, novelista, crítica literaria, profesora y activista política canadiense. Lucha por los derechos humanos, la libertad de expresión y otras causas. Es miembro de Amnistía Internacional y preside una organización internacional dedicada a la protección de las aves y sus hábitats. EScribió novelas de varios géneros, ensayos, relatos y poemas. Se descibe como una escritora feminista, ya que el tema del género está presente en algunas de sus obras de forma destacada.



El cuento de la criada (fragmento)
La noche

Dormíamos en lo que, en otros tiempos, había sido el gimnasio. El suelo, de madera barnizada, tenía pintadas líneas y círculos correspondientes a diferentes deportes. Los aros de baloncesto todavía existían, pero las redes habían desaparecido. La sala estaba rodeada por una galería destinada al público, y me pareció percibir, como en un vago espejismo residual, el olor acre del sudor mezclado con ese toque dulce de la goma de mascar y el perfume de las chicas que se encontraban entre el público, vestidas con faldas de fieltro —así las había visto yo en las fotos—, más tarde con minifaldas, luego con pantalones, finalmente con un solo pendiente y peinadas con crestas de rayas verdes. Allí se habían celebrado bailes; persistía la música, un palimpsesto de sonidos que nadie escuchaba, un estilo tras otro, un fondo de batería, un gemido melancólico, guirnaldas de flores hechas con papel de seda, demonios de cartón, una bola giratoria de espejos que salpicaba a los bailarines con copos de luz. En la sala había reminiscencias de sexo, soledad y expectación de algo sin forma ni nombre. Recuerdo esa sensación, el anhelo de algo que siempre estaba a punto de ocurrir y que nunca era lo mismo, como no eran las mismas las manos que sin perder el tiempo nos acariciaban la región lumbar, o se escurrían entre nuestras ropas cuando nos agazapábamos en el aparcamiento o en la sala de la televisión con el aparato enmudecido y la luz de las imágenes parpadeando sobre nuestra carne exaltada. Suspirábamos por el futuro. ¿De dónde sacábamos aquel talento para la insaciabilidad? Flotaba en el aire, y aún se respiraba, como una idea tardía, cuando intentábamos dormir en los catres del ejército dispuestos en fila y separados entre sí para que no pudiéramos hablar . (...)

viernes, 24 de noviembre de 2017

Viernes_Ilustradas - Sara Morante

Sara Morante 
Ilustradora española, estudió Artes aplicadas en España e Irlanda. Recibió el Premio Nacional de Arte Joven, categoría ilustración, del Gobierno de Cantabria en el año 2008. Ha ilustrado textos entre los que destacan el Diccionario de literatura para esnobs, de Fabrice Gaignault, Los zapatos rojosde H.C. Andersen, La flor roja de Vsévolod Garshín, Los Watson de Jane Austen, el relato Xingú de Edith Wharton o el poemario Señal de Raúl Vacas.
En 2015 publicó su primer trabajo como autora y narradora, ‘La vida de las paredes’ (Lumen), poemas con un tinte algo lúgubre, de una sociedad pequeño-burguesa en absoluta decadencia. Con ‘La vida de las paredes’, Morante nos descubría su otra faceta, la de narradora.







Màs de su obra: http://www.saramorante.com/





miércoles, 22 de noviembre de 2017

Mujeres_al_Lente - Jodi Cobb

Jodi Cobb
Fotógrafa Estadounidense, se especializa en historias globales a gran escala que exploran temas como la esclavitud del siglo XXI y otras historias más íntimas en mundos cerrados y secretos. Ex fotógrafa  de National Geographic, ha trabajado en más de 50 países, principalmente en Oriente Medio y Asia.
 Jodi fue una de los primeras fotógrafas en cruzar China cuando se reabrió al oeste, recorriendo
 (11.000 kilómetros) en dos meses para el libro Journey Into China. Fue la primera fotógrafa en ingresar a las
 vidas ocultas de mujeres de Arabia Saudita, recibida en los palacios de princesas y las tiendas de los beduinos
 por un artículo histórico en 1987. Y fue la primera mujer en ser nombrada Fotógrafa del Año de la Casa Blanca
Para su libro Geisha: La vida, las voces, el arte, Cobb entró en otro mundo cerrado a los forasteros, la geisha de
 Japón.







Más de su trabajo: https://www.jodicobb.com

lunes, 20 de noviembre de 2017

Inés Malinow // Me llamo Juanito Sol

Inés Malinow fue una escritora, periodística y crítica de ballet argentina. Desarrolló una extensa trayectoria en literatura infantil. Fue agregada cultural de la embajada argentina en Bélgica. Fue una  promotora cultural de la danza muy activa.



Me llamo Juanito Sol 


Me llamo Juanito Sol
porque me gustan los días
llenos de hojas de hamacas
y de ruidos de alcancías.
Me llamo Juanita Luna
poque me gustan las nanas
con pompones de enenitos
y secretos de bananas.

La nana de jabón
del jabón de espuma
con suspiro a nene
dormido en la cuna.
Su sábana blanca
tiene una puntillacon almidonada
cara de estampilla.

Te contaré el cuento
de los tres ratones
que duermen felices
en los tres cajones.
Se lavan la ropa
se cantan la nana
dicen buenas noches
hasta la mañana.