lunes, 18 de diciembre de 2017

Josefina Ludmer / Literaturas postautónomas

Josefina Ludmer fue una profesora, ensayista, escritora y crítica literaria argentina. Concebía la crítica como una manera de activismo cultural. Con sus clases y textos construyó herramientas para pensar la literatura latinoamericana. Fue investigadora del CONICET y profesora titular de Teoría Literaria II de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Dió clases en Yale y la UBA le confirió el Doctorado Honoris Causa.




Literaturas postautónomas

Josefina Ludmer
Yale University


Estoy buscando territorios del presente y pienso en un tipo de escrituras actuales  de la realidad  cotidiana que se sitúan en  islas urbanas [en zonas sociales] de la ciudad de Buenos Aires: por ejemplo,  el bajo Flores de los inmigrantes bolivianos [peruanos y coreanos] de Bolivia construcciones de Bruno Morales [seudónimo de Sergio Di Nucci, Buenos Aires, Sudamericana,  2007], y también el de La villa de César Aira [Buenos Aires, Emecé, 2001], el Monserrat de Daniel Link [BsAs, Mansalva, 2006] , el Boedo de Fabián Casas en Ocio [Buenos Aires : Santiago Arcos, 2006] , el zoológico de María Sonia Cristoff en Desubicados[Sudamericana, 2006], y en su compilación Idea crónica [Beatriz Viterbo, 2006]. Pienso también  en las puestas del proyecto Biodrama de Vivi Tellas, y en cierto arte. Así como muchas veces se identifica “la gente” en los medios [Rosita de Boedo, Martín de Palermo], en estos textos los sujetos se definen por su pertenencia a ciertos territorios.
Estoy pensando en la reflexión de Florencia Garramuño ["Hacia una estética heterónoma. Poesía y experiencia en Ana Cristina Cesar y Néstor Perlongher" a aparecer en el Journal of Latin American Cultural Studies].
Y también pienso en la reflexión de Tamara Kamenszain  [La boca del testimonio. Lo que dice la poesía. BsAs. Norma, 2007] sobre cierta poesía argentina actual: el testimonio  es “la prueba del presente”, no “un registro realista de lo que pasó”.
Mi punto de partida es este.
Estas escrituras  no admiten lecturas literarias; esto quiere decir que no se sabe o no importa si son o no son literatura. Y tampoco se sabe o no importa si son realidad o ficción. Se instalan localmente y en una realidad cotidiana para ‘fabricar presente’ y ése es precisamente su sentido.

I.
Imaginemos esto. Muchas escrituras del presente atraviesan la frontera de la literatura [los parámetros que definen qué es literatura] y quedan  afuera y adentro, como en posición diaspórica: afuera pero  atrapadas en su interior. Como si estuvieran ‘en éxodo’. Siguen apareciendo como literatura y tienen el formato libro (se venden en librerías y por internet y en ferias internacionales del libro) y conservan el nombre del autor (se los ve en televisión y en periódicos y revistas de actualidad y  reciben premios en  fiestas literarias), se incluyen en algún género literario como ‘novela’, y se reconocen y definen a sí mismas como ‘literatura’.
Aparecen como literatura pero no se las puede leer con criterios o categorías literarias   como autor, obra, estilo, escritura, texto, y  sentido. No se las puede leer como literatura porque aplican a ‘la literatura’ una drástica operación de vaciamiento: el sentido ( o el autor, o la escritura) queda sin densidad, sin paradoja, sin indecidibilidad, “sin metáfora”,  y  es ocupado totalmente por la  ambivalencia: son y no son literatura al mismo tiempo, son ficción y realidad.
Representarían a la literatura en el fin del ciclo de la autonomía literaria, en la época de las empresas transnacionales del libro o de las oficinas del libro en las grandes cadenas de diarios, radios, TV y otros medios. Ese fin de ciclo implica nuevas condiciones de producción y circulación  del libro que modifican los modos de leer.
Podríamos llamarlas escrituras o literaturas postautónomas.

 II.
Las literaturas posautónomas [esas prácticas literarias territoriales de lo cotidiano] se fundarían en  dos  [repetidos, evidentes] postulados sobre el mundo de hoy. El primero es que todo lo cultural [y literario] es económico y todo lo económico es cultural [y literario]. Y el segundo postulado de esas escrituras sería que  la realidad [si se la piensa desde los medios, que la constituirían constantemente] es ficción y que la ficción es  la realidad.

III.
Porque estas escrituras diaspóricas no solo atraviesan la frontera de ‘la literatura’ sino también la de  ‘la ficción’ [y quedan afuera-adentro en las dos fronteras]. Y esto ocurre porque reformulan la categoría  de realidad: no se las puede leer como mero ‘realismo’,  en relaciones referenciales o  verosimilizantes. Toman la forma del testimonio, la autobiografía, el reportaje periodístico, la crónica, el diario íntimo, y hasta  de la etnografía (muchas veces con algún “género  literario” injertado en su interior: policial o ciencia ficción por ejemplo). Salen de la literatura y entran a ‘la realidad’ y a lo cotidiano,  a la realidad de lo cotidiano [y lo cotidiano es la TV y los medios, los blogs, el email, internet, etc]. Fabrican presente con la  realidad cotidiana y esa es una de sus políticas. La realidad cotidiana no es la realidad histórica referencial y verosímil del pensamiento  realista y de su historia política y social [la realidad separada de la ficción], sino una realidad producida y construida por los medios, las tecnologías y las ciencias. Es una realidad que no quiere ser representada porque ya es pura representación: un tejido de palabras e imágenes de diferentes velocidades, grados y densidades, interiores-exteriores a un  sujeto, que incluye el acontecimiento pero también lo virtual, lo potencial, lo mágico y lo fantasmático.
“La realidad cotidiana” de las escrituras postautónomas exhibe, como en una exposición universal o en un muestrario global de una web, todos  los realismos históricos, sociales, mágicos, los costumbrismos, los surrealismos y los naturalismos. Absorbe y fusiona toda la mímesis del pasado para constituir  la ficción o las ficciones del presente. Una ficción que es ‘la realidad’. Los diferentes hiperrealismos, naturalismos y surrealismos, todos fundidos en esa realidad desdiferenciadora, se distancian  abiertamente de la ficción clásica y moderna.
En la ‘realidad cotidiana’ no se oponen ‘sujeto’ y ‘realidad’ histórica. Y tampoco ‘literatura’ e ‘historia’, ficción y realidad.

IV.
La idea y la experiencia de una realidad cotidiana que absorbe todos los realismos del pasado cambia la noción de ficción de los clásicos latinoamericanos de los siglos XIX y XX. En ellos, la realidad era ‘la realidad histórica’, y la ficción se definía por una relación  específica entre “la historia” y “la literatura”. Cada una tenía su esfera bien delimitada, que es lo que no ocurre hoy. La narración clásica canónica, o del boom [Cien años de soledad, por ejemplo] trazaba fronteras nítidasentre lo histórico como "real"  y  lo “literario” como fábula, símbolo, mito, alegoría o pura subjetividad, y producía una tensión entre los dos: la ficción consistía en esa tensión . La ‘ficción’ era la realidad histórica [política y social] pasada [o formateada] por un mito, una fábula, un árbol genealógico, un símbolo, una subjetividad o una densidad verbal. O, simplemente, trazaba una frontera entre pura subjetividad y pura realidad histórica (como Cien años de soledad,  Yo el Supremo, Historia de  Mayta de Mario Vargas Llosa [1984], El mandato de José Pablo Feinmann [2000], y las novelas históricas de Andrés Rivera, como La revolución es un sueño eterno).
Estas escrituras ‘sin metáfora’ [como las que analiza Tamara Kamenszain] serían ‘las ficciones’ [o la realidad] en la era de los medios y de la industria de la lengua ( en la imaginación pública). Serían la realidad cotidiana del presente de algunos sujetos en una isla urbana (un territorio local). Formarían parte de la fábrica de presente que es la imaginación pública.

V.
En la realidadficción de alguna “gente”en alguna isla urbana latinomericana, muchas escrituras de hoy dramatizan cierta situación de la literatura: el proceso del cierre de la literatura autónoma, abierta por Kant y la modernidad. El fin de una era en que la literatura  tuvo “una lógica interna” y un poder crucial. El poder de definirse y  ser regida “por sus propias leyes”, con instituciones propias [crítica, enseñanza, academias] que debatían públicamente su función, su valor y su sentido. Debatían, también, la relación  de la literatura [o el arte] con las otras esferas: la política, la economía, y también su relación con la realidad histórica. Autonomía, para la literatura, fue especificidad y autorreferencialidad, y el poder de nombrarse y referirse a sí misma. Y también  un modo de leerse y de cambiarse a sí misma.
La situación de pérdida de autonomía de ‘la literatura’ [ o de ‘lo literario’] es la del fin de las esferas o del pensamiento de las esferas [para practicar la inmanencia de Deleuze]. Como se ha dicho muchas veces: hoy se desdibujan los campos relativamente autónomos (o se desdibuja el pensamiento en esferas más o menos delimitadas) de lo político, lo económico, lo cultural. La realidadficción de la imaginación pública las contiene  y las fusiona. 

VI.
En algunas escrituras del presente que han atravesado la frontera literaria [y que llamamos posautónomas] puede verse nítidamente el proceso de pérdida de autonomía de la literatura  y las transformaciones que produce. Se terminan formalmente las clasificaciones literarias; es el fin de las guerras y divisiones y oposiciones tradicionales entre formas nacionales o cosmopolitas, formas del realismo o de la vanguardia, de la "literatura pura" o la "literatura social" o comprometida, de la literatura rural y la urbana, y también se termina la diferenciación literaria  entre realidad [histórica] y ficción. No se pueden leer estas escrituras con o en esos términos; son las dos cosas, oscilan entre las dos o las desdiferencian .
Y con esas clasificaciones ‘formales’ parecen terminarse los enfrentamientos entre escritores y corrientes; es el fin de las luchas por el poder en el interior de la literatura. El fin del ‘campo’ de Bourdieu, que supone la autonomía de la esfera [o el pensamiento de las esferas]. Porque se borran, formalmente y en ‘la realidad’, las identidades literarias, que también eran identidades políticas.Y entonces puede verse claramente que esas formas, clasificaciones, identidades, divisiones y guerras  solo podían funcionar en  una literatura concebida como esfera autónoma o como campo. Porque lo que dramatizaban era la lucha por el poder literario y por la definición del poder de la literatura.
Se borran las identidades literarias, formalmente y en la realidad, y esto  es lo que diferencia nítidamente la literatura de los 60 y 70 de las escrituras de hoy. En los textos que estoy leyendo las ‘clasificaciones’ responderían a otra lógica y a otras políticas .

VII.
Al perder voluntariamente especificidad y atributos literarios, al perder ‘el valor literario’ [y al perder ‘la ficción’] la literatura posautónoma perdería el  poder crítico, emancipador y hasta subversivo que le asignó  la autonomía  a la literatura como política propia, específica. La literatura pierde poder o ya no puede ejercer ese poder.

VIII.
Las escrituras posautónomas pueden exhibir o no sus marcas de pertenencia a la literatura y los tópicos de la autorreferencialidad que marcaron la era de la literatura autónoma : el marco, las relaciones especulares, el libro en el libro, el narrador como escritor y lector, las duplicaciones internas, recursividades, isomofirmos, paralelismos, paradojas, citas y  referencias a  autores y  lecturas (aunque sea en tono burlesco, como en la literatura de Roberto Bolaño). Pueden ponerse o no simbólicamente adentro de la literatura y  seguir ostentando los atributos que la definían antes, cuando eran totalmente ‘literatura’. O pueden ponerse como “Basura” [Héctor Abad Faciolince. Basura. I Premio Casa de América de Narrativa Americana Innovadora. Madrid, Lengua de Trapo, 2000] o “Trash” [Daniel Link. La ansiedad (novela trash). Buenos Aires, El cuenco de plata, 2004]. Eso no   cambia su estatuto de literaturas  posautónomas.
En las dos posiciones o en sus matices, estas escrituras plantean el problema del valor literario. A mí me gustan y no me importa si son buenas o malas en tanto literatura. Todo  depende de cómo se lea la literatura hoy. O desde dónde se la lea.
O se lee este proceso de transformación de las esferas [o pérdida de la autonomía o de ‘literaturidad’ y sus atributos] y se cambia la lectura, o se sigue sosteniendo una lectura interior a la literatura autónoma  y a la ‘literaturidad’, y entonces aparece ‘el valor literario’ en primer plano.
Dicho de otro modo: o se ve el cambio en el estatuto de la literatura, y entonces aparece otra episteme y otros modos de leer. O no se lo ve o se lo niega, y entonces seguiría habiendo literatura y no literatura, o mala y buena literatura.

IX.
Las literaturas postautónomas del presente saldrían de ‘la literatura’, atravesarían la frontera, y entrarían en un medio [en una materia] real-virtual, sin afueras, la imaginación pública: en  todo lo que se produce y circula y nos penetra y es social y privado y público y 'real'. Es decir, entrarían en un tipo de materia y en un trabajo social [la realidad cotidiana] donde no hay ‘índice de realidad’ o ‘de ficción’ y que construye presente. Entrarían en la fábrica de presente  que es la imaginación pública para contar algunas vidas cotidianas en alguna isla urbana latinoamericana. Las experiencias de la migración y del  ‘subsuelo’ de ciertos sujetos  que se definen afuera y adentro de ciertos territorios.

X.
Así, postulo un territorio, la imaginación pública o fábrica de presente, donde sitúo mi lectura o donde yo misma me sitúo. En ese lugar no hay  realidad opuesta a ficción, no hay autor y tampoco hay demasiado sentido. Desde la imaginación pública leo la literatura actual como si fuera una noticia  o un llamado de Amelia de Constitución o de Iván de Colegiales.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Viernes_Ilustradas - Marina Capdevila

Marina Capdevila
Ilustradora española, estudio bellas artes y luego se perfecciono en Rotterdam para luego volver a Barcelona,​​estudió The Creative Illustration Master en la escuela Eina y luego comenzó su carrera como ilustradora independiente trabajando en publicidad y desarrollando su trabajo personal en su estudio.
Lo que inspira a Marina es no seguir los cánones estéticos habituales, ilustra personas mayores, personajes eternos perdidos en una sociedad que ya están empezando a luchar por comprender. 
Su musa inspiradora es su abuela, con su obra Marina quiere comunicar el deseo de alcanzar la vejez con plena vitalidad. Los recursos de la exageración y la ironía son puntos clave en sus creaciones, así como la combinación de  una poderosa carta de colores junto a un  sombreado suave.





Más de su trabajo https://www.marinacapdevila.com

lunes, 11 de diciembre de 2017

El año del pensamiento mágico / Joan Didion

Joan Didion es una de las voces estadounidenses  más poderosas del periodismo literario, pionera del llamado Nuevo Periodismo. Su trabajo ha retratado las profundidades del espíritu estadounidense. Es reconocida por sus novelas y ensayos.



(Fragmento)
1 
   La vida cambia rápido. 
   La vida cambia en un instante. 
   Te sientas a cenar, y la vida que conoces se acaba. 
   El tema de la autocompasión. 


   Éstas fueron las primeras palabras que escribí después de que sucediera. La fecha en el archivo «Notas sobre el cambio.doc», de Microsoft Word, es «20 de mayo, 2004, 11:11 p.m.», pero tal vez abriera el archivo y al cerrarlo pulsara distraídamente «salvar». En mayo no hice cambios en el archivo. No hice cambios en ese archivo desde que escribí esas palabras en enero del 2004, dos o tres días después del suceso. 
   Durante mucho tiempo no escribí nada más. 
   La vida cambia en un instante. 
   Un instante normal. 
   Empeñada en recordar lo que parecía más sorprendente de todo lo ocurrido, en algún momento, consideré añadir esas palabras: «un instante normal». Me di cuenta inmediatamente de que no era necesario añadir la palabra «normal» porque no podría olvidarla, pero la palabra jamás se me fue de la cabeza. En realidad, la normalidad de toda la situación anterior al suceso era lo que me impedía creer que hubiera sucedido realmente, asimilarlo, incorporarlo, superarlo. Ahora reconozco que aquello no tenía nada de extraordinario; enfrentados a un desastre repentino, todos señalamos lo normales que eran las circunstancias en las que lo impensable sucede: el cielo azul despejado desde el que se precipitó el avión, el recado rutinario que acabó sobre la espalda con el coche en llamas, los columpios en los que los niños jugaban como de costumbre cuando la cascabel salió de entre la hiedra y atacó. «Volvía a casa del trabajo, feliz, triunfador, sano y de repente, se acabó», leí en la declaración de una enfermera de psiquiatría cuyo marido había muerto en accidente de carretera. En 1966 tuve que entrevistar a mucha gente que había vivido en Honolulu la mañana del 7 de diciembre de 1941; todos ellos, sin excepción, empezaron su relato del ataque a Pearl Harbor diciéndome que era una «mañana de domingo como otra cualquiera». «Era un hermoso día de septiembre como otro cualquiera», dice todavía la gente cuando se le pide que describa la mañana en Nueva York cuando el American Lines 11 y el United Airlines 175 se estrellaron contra las torres del World Trade. Incluso el informe de la Comisión del 11 del 9 empezaba con esta nota machaconamente premonitoria y aun así inmutable: «martes, 11 de septiembre del 2001, mañana templada y sin apenas nubosidad en el este de los Estados Unidos».

viernes, 8 de diciembre de 2017

Vierens_Ilustradas - Eva Vazquéz

Eva Vazquéz
Desde siempre ha sentido una atracción por el dibujo. Estudió Arquitectura y Animación, caminos que inicialmente parecían distintos, pero que al final se unieron para guiarle hacia todo un «mundo maravilloso» que abarcaba la realización de backgrounds para series y películas de animación. La ventaja de su trabajo era que podía dibujar toda la arquitectura que pudiera imaginar, desde lo más real a lo más fantástico. Y así comenzó su camino en la ilustración editorial. Es fácil encontrar los trabajos de Eva Vázquez entre las páginas de la prensa nacional española e internacional y en colecciones de libros para adultos e infantiles.






Más de su trabajo: http://evavazquezdibujos.com/

jueves, 7 de diciembre de 2017

10º mes mirando películas de directoras



Le bonheur - Agnés Varda - 1965/Francia - Drama

Sinopsis: François es carpintero y Thérese es modista. Viven en una casa pequeña con un jardín lleno de flores y son inmensamente felices con sus dos hijos. Cuando François se enamora de otra mujer
intenta hacerle entender a Thérese que  nada tiene que cambiar entre ellos. A Thérese la noticia no la hace feliz pero no está dispuesta a arruinar la felicidad de su marido.

Por qué verla: Sobre todo porque el cine de Agnés Varda hace pensar. El film es una representación hiperrealista que critica el lugar común de la felicidad familiar y el autoritarismo discursivo de la sociedad acerca de lo que debe ser nuestra felicidad. Sumado a esto la composición de colores es bellísima, la música es dulce y alegre, los encuadres se ajustan a los cánones de belleza establecidos al punto de reproducir escenas pictóricas impresionistas y tiene unos fundidos a color que me encantaron.


La belle saison - Catherine Corsini - 2015/Francia - Drama

Sinopsis: Delphine se muda del campo a la ciudad para ser dueña de su propia vida. Carole es profesora y vive en Paris con su novio, vive alegremente el resurgimiento del movimiento feminista de los años ´70. De su encuentro surge uan historia de amor que desequilibrará sus vidas.

Por qué verla: Es una historia profunda, dramática y por momentos divertida. Nombra y muestra muchas causas por las que luchamos lxs feministas. Tiene escenas de sexo lésbico, delicadas y convincentes. Sus protagonistas son mujeres que actúan siguiendo sus deseos.


The pervert guide of ideology - Sophie Fiennes - 2012/Reino Unido -Documental

Sinopsis: El documental es la secuela de "Manual de cine para pervertidos" también dirigido por Fiennes y escrito por Zizek. La directora y el filósofo hacen uso de las imágenes para analizar la ideología y los sueños que dan lugar a diferentes creencias y prácticas colectivas.

Por qué verla: Zizek ofrece sus lecciones con mucha ironía. Muestra las ideas básicas del pensamiento del filósofo. Para quienes no lo conocen, aunque hay que prestar atención, es una buena manera de conocer a este gran pensador y crítico cultural. A través de varias películas nos explica la ideología y otros conceptos desde el marxismo hasta el psicoanálisis. Es una película para ciudadanos comprometidos y amantes del cine.

La pelle - Liliana Cavani - Italia/1981 - Drama/Segunda Guerra Mundial

Sinopsis: Nápoles acaba de ser liberada. Un oficial del ejército italiano colabora con los americanos en las funciones más extravagantes. Se cruzan una serie de historias con el denominador común de la guerra

Por qué verla: Con cinismo y morbo que encajan con el relato la directora muestra la atroz realidad de la posguerra. En su reparto cuenta con actores como Marcello Mastroianni, Burt Lancaster y Claudia Cardinale.
 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Mujeres_al_Lente - Masumi Hayashi

Masumi Hayashi - (Japón, 1945 – Ohio, 2006)
Fotógrafa Japonesa nacida en un campo de internamiento-concentración para estadounidenses provenientes de Japón durante la 2da guerra mundial, estudió en la UCLA y en la UEF, donde obtuvo  su maestría en Bellas Artes en 1977.  Su trabajo más reconocido son sus collages fotográficos, en los que utiliza alrededor de 100 imágenes (dependiendo del mosaico que busca presentar) de 5 × 4 pulgadas, con las que logra crear fotografías panorámicas. El alcance de giro de sus collages montados puede llegar a ser de 360 o incluso 540 grados. De este modo, al unir de manera espectacular las imágenes pequeñas, utilizando como referente únicamente su memoria, recrea con gran exactitud la escena original. Este proyecto lo inició con fotografías que muestran los restos de los campos de internamiento japonés-americano durante la Segunda Guerra Mundial, los cuales fueron símbolo de una memoria arqueológica e histórica. Durante el proceso, Hayashi entrevistó a sobrevivientes de los campos en diferentes áreas de Estados Unidos y Canadá.
Su trabajo buscaba armar una memoria colectiva por medio de los otros. Ella había nacido en uno de los campos pero no los recordaba. Mucho de su trabajo explora los espacios socialmente incómodos (prisiones, campamentos de reubicación y los sitios de limpieza). Sus fotografías en collage se dividen en tres series:
A- “American Concentration Camps”. En esta serie nos lleva a los campos de internamiento para estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial (1942 a 1945), con este trabajo busca recuperar la memoria histórica recurriendo a fotografías de paisajes desolados.
B- “The Family Album Project”. El trabajo que se presenta fue parte de una exposición comisariada por Hayashi para la Galería de Arte de la Universidad Estatal de Cleveland y el Consejo de las Artes de Ohio. Las instantáneas de los álbumes de la familia fueron tomadas por los internados y los visitantes a los campos (a pesar de que la entrada de las cámaras estaba prohibida y tuvieron que ser introducidas de contrabando). Esta serie muestra la vida cotidiana de los internos, tanto en los campos canadienses como estadounidenses. Durante el proceso del proyecto, Hayashi viajó a cada campamento; asistió a reuniones y conferencias para los supervivientes de los campos y sus familiares; entró en contacto con los internos y sus familiares.
C- “Canadian Concentration Camps”. Muesta dos de los campos de internamiento y el campo de concentración para japoneses en Canadá. Estas fotografías recrean una nueva realidad a partir de pequeñas imágenes, deforman una realidad para explicarnos su visión del mundo a través de ellas.





Más de su obra: http://masumimuseum.com/

lunes, 4 de diciembre de 2017

Valeria Luiselli // Relingos

Valeria Luiselli es una escritora mexicana, autora de ensayos, novelas y publicaciones en varios periódicos y revistas. La critica alemana la ha llamado la nueva revelación de las letras latinoamericanas.​ Escribe una columna semanal en El País. Su trabajo más reciente es un ensayo sobre los niños migrantes.


RELINGOS 

Obra suspendida 

En el Paseo de la Reforma, soberbia faz que simula la entrada a una ciudad de México imperial que desde luego ya no existe, hay un cuadrángulo de pequeñas ausencias, de plazuelas donde hubo algo que ahora son sólo huecos. Como si a la sonrisa perfecta y señorial de la Madame de la Reforma le faltaran ahora algunos dientes. Sabrá Dios —y acaso Salvador Novo— qué hubo antes en esos espacios vacíos, hoy meras reminiscencias de un pasado de grandeza. 

En ciertas esquinas del crucero de Reforma, Hidalgo y el Eje 1 Norte Mosqueta, más o menos a la altura del metro y en los alrededores inmediatos de este enorme crucero, hay una zona de terrenos vagos, espacios residuales abandonados al ir y venir perpetuo de lonas de vendedores ambulantes, turistas, repartidores de mercancías, ladronzuelos, indigentes, paseantes, polvo. 

El accidente urbano, por llamarlo de alguna manera, ocurrió durante la ampliación del Paseo de la Reforma en los años sesenta. Con el nuevo trazo y ampliación de la avenida vino una oleada de demoliciones de los edificios de la zona. Como la nueva franja de calle atravesaba diagonalmente el trazado ortogonal de la ciudad, algunos lotes rectangulares se volvieron triangulares o trapezoides, y como resultaba inconcebible a la construcción de nuevos edificios en los espacios irregulares que le «sobraron» al Paseo, se fueron quedando estos trapecios y triángulos de asfalto y adoquín, como piezas sobrantes de un rompecabezas. Ya nadie recuerda el origen y propósito de estos pedazos de ciudad, pero nadie se atreve tampoco a desecharlos ni a usarlos del todo. 

Un grupo de arquitectos de la Universidad Nacional Autónoma de México, dirigidos por Carlos González Lobo, ha bautizado estos espacios, estas sobras urbanas, con el nombre de «relingos». No me queda claro de dónde viene el término, pero imagino que puede estar relacionado con las «realengas», vieja voz castellana que se refería a las tierras marginales de la corona, abandonadas o en desuso. (Extraños avatares de las palabras: ahora, en ciertos países latinoamericanos, «realenga» se utiliza para hablar de un animal que no tiene dueño, y en otros, la palabra es sinónimo de «holgazán».) 

No soy experta en la historia de la arquitectura, pero puedo afirmar con algún grado de confianza que el relingo es una derivación chilanga de otra idea: los terraines vagues del arquitecto catalán Ignasi de Solà-Morales. Al igual que los relingos, el terraine vague es un espacio urbano ambiguo, un lote baldío sin bordes definidos ni bardas delimitantes, una especie de terreno al margen de la vida metropolitana, si bien físicamente se puede encontrar en pleno centro de una ciudad, en el crucero de dos avenidas principales, o debajo de un puente recién construido. 

Saliendo por la boca del metro Hidalgo más cercana a la Iglesia de San Judas Tadeo —justo detrás de un altar de la virgen de Guadalupe en el que se exhibe un mosaico donde supuestamente apareció una mancha de humedad con la forma exacta de la madre de todos los mexicanos—, hay una pequeña plaza en forma de triángulo. En medio de la plaza, una gran fuente en homenaje a la labor de los periodistas mexicanos, borbotea y escupe chisguetes de aguas grises donde los indigentes de la zona llegan, con su barra de jabón y su toalla, a lavarse la cara y el cuerpo bajo la estatua de Francisco Zarco. Esa misma plaza se convierte, a cierta hora de la tarde, en una cancha de fútbol rápido, y los domingos a mediodía, se vuelve a transformar en sede de una tertulia de sordomudos que salen de la misa para sordos de San Judas. 

Un arquitecto diseñó, para este relingo, una Casa de Artes y Oficios para Sordos. El espacio, según los planos que me mostró, albergaría la Liga de Sordos de San Hipólito y la compañía de teatro de sordos Seña y Verbo. Así, los sordos de la misa de San Judas tendrían un espacio para prolongar indefinidamente las tertulias dominicales. Pero por ahora, la Casa de Artes y Oficios es sólo un proyecto; y es probable, como sucede con tantas buenas intenciones, que se le adelante un nuevo supermercado o una oficia de teléfonos. 

Se usará grúa 

La arquitectura, según Roland Barthes, debe ser al mismo tiempo la proyección de un imposible y la puesta en práctica de un orden funcional. En su ensayo sobre la Torre Eiffel cuenta que en 1881, poco antes de la construcción de la antena gigante, un arquitecto francés había imaginado «una torre solar» para el —hasta entonces vacío— Champ de Mars. La torre, según la descripción del arquitecto, tendría una enorme hoguera que, por medio de un sistema complejo de espejos, iluminaría la ciudad entera. En el último piso de la torre, coronando el gran farol de hierro, habría un espacio para que los inválidos de la ciudad pudieran subir a respirar el aire puro de París. 

Aunque a la descripción de la torre solar le faltan algunas precisiones —por ejemplo, uno se pregunta si los espejos para reflejar la luz de la hoguera gigante se instalarían alrededor de la ciudad o sobre la misma torre, o cómo llegarían los inválidos hasta la cima de la estructura y, una vez ahí, cómo harían para no achicharrarse—, la sola idea es perfecta en un sentido arquitectónico: un sueño desquiciado y semifuncional. O en todo caso a mí, que soy incapaz de imaginar cosas en tres dimensiones, me resulta fascinante pensar que una persona se haya parado en medio de un espacio vacío y haya concebido en él los detalles de un edificio lleno de sordomudos interpretando Macbeth o una torre en cuya cima estuvieran los inválidos parisinos calentándose las manos en una hoguera gigante. Los espacios sobreviven al paso del tiempo de la misma manera que sobrevive una persona a su muerte: en esa alianza estrecha entre la memoria y la imaginación. Los lugares existen en tanto sigamos pensando en ellos, imaginando en ellos; en tanto los recordemos, nos recordemos ahí, y recordemos lo que imaginamos en ellos. 

Aquí no se dan informes 

Cerca del antiguo hospital de San Hipólito —«Primer hospital para dementes que hubo en América, fundado por Bernardo Álvarez en 1577», y ahora recinto que alberga el bar La Hostería de los Bohemios—, sigue en pie el edificio donde antiguamente estaba la Biblioteca Miguel de Cervantes. Dos policías custodian su fachada: uno largo, melancólico y quijotesco; el otro, chaparro y chato. 

No quisiera aseverar que el carácter del mexicano es tal o cual cosa; si algo me elude por completo es el carácter de mis conciudadanos, y si algún interés no tengo es el de ensayar ahora una definición. Pero empiezo a sospechar que no es mera coincidencia el hecho de que cada vez que he intentado entrar a algún recinto con aires oficiales, se me hace alguna variación de la pregunta «¿de parte de quién viene?». Declarar que uno no viene de parte de nadie, que nadie lo recomienda ni va forzosamente a ver a un licenciado en particular, sino que uno está paseando, sólo paseando, que tiene ganas de ver el techo del edificio —¡porque sí!—, parece desconcertar a los ángeles azules que custodian la entrada a los paraísos oficiales de esta ciudad. 

Pero si uno tiene la paciencia suficiente, los dos policías de la Cervantes terminan por dejarlo pasar, ándele no sea malito, al interior en ruinas de la ex biblioteca. Adentro, no hay vestigio alguno de los libros que pasaron por ahí —acaso algún tornillo que aún se aferra a la pared despellejada donde antes se empotró una estantería—. Pero en el ambiente hay un no sé qué libresco: aire pesado, tufo a tinta desperdiciada, ideas encuadernadas en tapa dura. 

La exbiblioteca se utiliza ahora como un pequeño y, hasta donde pude entender, no muy oficial taller de restauración de murales. A lo largo del primer piso de la biblioteca están dispuestas seis o siete mesas largas, y sobre ellas, languidecen paneles de un mural de los años treinta pintado por Ramón Alva de la Canal: Principio de la escritura, se llama. 

Un hombre pequeño, topesco y desconfiado (el director del taller), se acercó a ahuyentarme en cuanto me vio cruzar el arco del umbral en compañía de uno RELINGOS 65 de los dos policías. Pero el ángel de azul, ya de mi lado, le declaró enseguida mis buenas intenciones: que dice la señorita que lo viene a ver a usted. 

En cada sección del mural se registra a un momento distinto de la historia grá- fica de la humanidad, empezando por una imagen sencilla y casi tierna de los primeros trazos temblorosos sobre la pared de alguna cueva, y terminando por una suerte del himno estridentista a la gran industria de la prensa moderna. Se antoja un poco irónico que ese preciso mural, Principio de la escritura, estuviera siendo restaurado en la ex biblioteca, donde no queda ni un solo libro. La imagen de la biblioteca vacía y en ruinas donde se encuentra ahora este mural, también en ruinas, debería quizá constituir el séptimo e inexistente panel para completar la serie: 

1. Pintura rupestre 
2. Escritura cuneiforme 
3. Papiros y jeroglíficos 
4. El alfabeto 
5. Johannes Gutenberg 
6. Imprenta moderna 
7. Decadencia de bibliotecas y librerías 

Se compran bibliotecas 

Se ha comparado muchas veces a las ciudades con el lenguaje: se puede leer una ciudad, se dice, como se lee un libro. Pero la metáfora se puede invertir. Los paseos que hacemos a lo largo de las lecturas, trazan los espacios que habitamos en la intimidad. Hay textos que serán siempre nuestros callejones sin salida; fragmentos que serán un puente. T. S. Eliot: una planta que crece entre el debris de un edificio derrumbado: «¿Cuáles son las raíces que prenden, qué ramas / brotan de este cascajo?». Salvador Novo: un paseo transformado en vía de alta velocidad. Tomás Segovia: una alameda, un respiro; Roberto Bolaño: una azotea; Isabel Allende: un shopping mal (realmaravilloso); Deleuze: un tope; Derrida: un bache; Robert Walser: una grieta en el muro, para asomarse al otro lado; Baudelaire: una sala de espera; Hannah Arendt: una torre, un punto arquimediano; Heidegger: un callejón sin salida; Benjamin: una calle de un solo sentido, transitada en contracorriente. Y todo lo que no hemos leído: un relingo: el vacío en el corazón de la ciudad. 

Reparación garantizada 

Restaurar: maquillar espacios que deja en cualquier superficie el taladro del tiempo. Escribir es un proceso de restauración a la inversa. Un restaurador rellena huecos en una superficie donde ya existe una imagen más o menos acabada; el escritor, en cambio, trabaja a partir de las fisuras y los huecos. En esto se parecen el arquitecto y el escritor. Escribir: rellenar relingos. 

No, escribir no es rellenar huecos (construir una casa, un edificio, en un espacio vacío tampoco lo es necesariamente). Quizá sea más acertada la imagen de los bonsáis de Alejandro Zambra: «Escritor es el que borra… Cortar, podar: encontrar una forma que ya estaba ahí».  Pero las palabras no son plantas y, en todo caso, los jardines son para los poetas de corazón: los de corazón ajardinado. La prosa es para los que tienen espíritu de albañil. 
Escribir: taladrar paredes, romper ventanas, dinamitar edificios. Excavaciones profundas para encontrar —¿encontrar qué?—, no encontrar nada. 

Escritor es el que distribuye silencios y vacíos. 

Escribir: hacerle hueco a la lectura. 

Escribir: hacer relingos.