miércoles, 28 de junio de 2017

Mujeres al Lente - Adriana Lestido


Adriana Lestido
Nació en Buenos Aires en 1955. Vive en Buenos Aires y Mar de las Pampas, Argentina. Adriana Lestido comenzó estudiando fotografía en 1979, en la Escuela de Arte y Técnicas Audiovisuales de Avellaneda. Entre 1982 y 1995 trabajó como fotoperiodista para el diario La Voz, la Agencia Diarios y Noticias (DyN) y el diario Página 12.

La fotografía es para ella una herramienta que le permite comprender el misterio de las relaciones humanas. A partir de sus fotografías blanco y negro, las emociones básicas son las que le dan sentido a su trabajo, ya sea a través de las madres adolescentes, las mujeres presas, las relaciones de madres e hijas, o el amor desde paisajes abstractos y brumosos. 






lunes, 26 de junio de 2017

Historia de la ratita / Laura Devetach



Había una vez una ratita gris que vivía con sus papás en una cueva tan tibia, tan tibia y tan cerrada, que un día tuvo ganas de salir. Y salió.
Y se quedó un rato encantada en la puerta de la cueva, porque el mundo le pareció más lindo que un jardín de quesitos. Despacio, se puso a explorar, a oler, a mordisquear, a hacer tumbacabezas, a conocer.
Y Ratita sintió que no hay nada más lindo que descubrir el mundo pasito a paso.
Bailó con una hoja. Patinó sobre un papel de chocolatín. Fumó un cigarrillo de pasto. Se puso anteojos de papel de caramelo. Tomó mate en una flor de campanilla color lila. Se adornó con aros de arroz.
Y le dieron unas ganas bárbaras de ponerse de novia.
Cuando vio al sol del amanecer, tan redondo, tan naranja con luz, le dijo:
—Señor Sol, usted es muy buen mozo. ¿Quiere ser mi novio?
— ¡Cómo no! — dijo el sol, porque la ratita le pareció preciosa—, te cubriré con mis hilos de oro y todo el mundo será sol para los dos.
- ¡Ah. no! —dijo Ratita—. Así no vale. El mundo es más que eso. ¿Qué haría yo en un mundo todo de sol? Bastante tuve ya con un mundo todo de cueva.
—¡Qué lástima! -dijo el sol—. Te presentaré al nubarrón, que a veces me tapa, y no es tan de sol como yo. A lo mejor te gusta.
—Bueno, gracias -dijo Ratita.
Y se sentó a esperar hamacándose en una violeta.
Llegó el nubarrón, vestido de gris.
A Ratita le gustó muchísimo porque a veces tenía forma de helados, a veces de calesita y a veces de dibujo que no se entiende.
—Señor Nubarrón —dijo
Ratita— usted es muy buen mozo. ¿Quiere ser mi novio?
— ¡Cómo no! —dijo el nubarrón, porque la ratita le pareció preciosa. Te envolveré en mi capa fluflú y todo el mundo será nube para los dos.
-¡Ah, no! —dijo Ratita—. Así no vale. ¿Qué haría yo en un mundo todo de nube?
— ¡Qué lástima! —dijo el nubarrón—. Te presentaré al tiento que a veces me empuja or el cielo.
A lo mejor te gusta.
—Bueno, gracias —dijo Ratita.
Y se sentó a esperar recostada en un maní.
Uegó el viento soplando flautas. A Ratita le gustó muchísimo porque se movía bailando a la moda.
—Señor Viento —le dijo—, usted es muy buen mozo. ¿Quiere ser mi novio?
— ¡Cómo no! -dijo el viento, porque la ratita le pareció preciosa—. Te haré cosquillas en el pelo, y todo el mundo será viento para los dos.

— ¡Ah, no! —dijo Ratita—. Así no vale. ¿Qué haría yo en un mundo todo de viento?
—Qué lástima!
—Dijo el viento—. ¿Por qué no vas a buscar al muro, que a veces me detiene en mi vuelo? A lo mejor te gusta.
—Bueno, gracias —dijo Ratita, y se fue hasta el muro.
El muro sonrió quieto, quieto, derecho, derecho.
Estaba hermoso.
A Ratita le gustó porque tenía un monigote dibujado, justo a la altura de un chico.
—Señor Muro —dijo—, usted me gusta.
¿Quiere ser mi novio?

—Cómo no! —dijo el muro, porque la ratita le pareció preciosa—. Te esconderé en un huequito de mis ladrillos y todo el mundo será muro para los dos.
—Ah, no! -dijo Ratita—. Así no vale. El mundo es más que eso. ¿Qué haría yo en un mundo todo de muro?
— ¡Qué lástima! —(lijo el muro. Y siguió quieto. quieto, derecho, derecho.
—Me parece que así no voy a encontrar novio
—pensó Ratita-.
Lo que pasa es que ni el sol. ni el nubarrón, ni el viento, ni el muro, tienen una colita como la mía, ni un corazón que hace tipi tepe. Yo me equivoqué.
Y pensando así caminó y caminó por el sendero de las margaritas. De repente llegó a un lugar donde había muchísimos ratones color café que la saludaron amablemente diciendo:
—Cómo-te-va.
Ratita paseó contenta por el barrio hasta que vio a
Ratón-Ratón.
Estaba fabricando muebles con fósforos y tapitas de botellas.
A la ratita le gustó muchísimo cómo silbaba y llevaba el compás con la cola.
—Hola! —saludó Ratón-Ratón.
—Hola! —saludó Ratita, y acercó para mirar los trabajos.
Y sintió que al lado de Ratón-Ratón se estaba muy bien.
—Me alegro de verte —dijo Ratón-Ratón, y también sintió que al lado de Ratita se estaba muy bien.
—¿Podríamos ponernos de novios? —preguntaron los dos juntos.
Y los dos juntos contestaron que sí y se dieron un beso con muchísimo cariño. Después siguieron explorando, oliendo, mordisqueando y descubriendo el mundo pasito a paso.
Ratita se hizo una hamaca de plumas. Ratón-Ratón aprendió a saltar de rama en rama como Tarzán. Ratita pintó cuadros con la punta de la cola.
Y los dos juntos aprendieron a contarse cosas. Y los dos juntos aprendieron a ser papás. Tuvieron hijos y les dieron una cueva tibia, pero con una puerta fácil de abrir, para que pudieran salir a conocer el mundo pasito a paso, cuando tuvieran ganas.

viernes, 23 de junio de 2017

Viernes_Ilustradas - Feminista Ilustrada



Feminista Ilustrada

Feminista Ilustrada es un proyecto de las andaluzas Maria Murnau y Helen Sotillo, con el objetivo de visibilizar situaciones de machismo cotidiano, el que no se puede detectar a simple vista, con tono irónico y humor.
También por medio de sus ilustraciones le dan la vuelta a la tortilla y muestran cómo sería el mundo si las mujeres adoptasen esos comportamientos machistas con los que lidian diariamente.





Más de su trabajo





miércoles, 21 de junio de 2017

Mujeres al Lente - Alejandra Sanguinetti



Alejandra Sanguinetti

Nacida en Nueva York, se mudó a Argentina a la edad de dos años y vivió aquí hasta 2003. Actualmente reside en California.
Su proyecto de más largo plazo es un proyecto de fotografía documental sobre dos primas- Guillermina y Belinda- que crecen fuera de Buenos Aires. Les sigue mientras fantasean sobre convertirse en adultos, ser madres jóvenes, y se convierten en mujeres jóvenes mientras sus relaciones van cambiando.
Es toda una figura dentro de la escena fotográfica argentina. Su nombre aparece junto al de numerosos galardones y pertenece a la agencia Magnum.





lunes, 19 de junio de 2017

La imaginación pornográfica / Susan Sontag



(Fragmento del libro Estilos Radicales)


  Nadie debería emprender un debate sobre la pornografía sin antes reconocer que hay varias pornografías —por lo menos tres— y sin asumir el compromiso previo de abordarlas una por una. La verdad sale muy beneficiada cuando se examina, por un lado, la pornografía como elemento de la historia social y, por otro, la pornografía como fenómeno psicológico (síntoma de la deficiencia o deformidad sexual tanto en los productores como en los consumidores, según la opinión generalizada) y cuando, por añadidura, se distingue de estas dos otro tipo de pornografía: una modalidad o convención menor pero interesante dentro de las artes. En la que quiero fijar la atención es en la última de estas tres pornografías. Más estrictamente, en el género literario para el cual, a falta de un nombre mejor, estoy dispuesta a aceptar (en la intimidad del debate intelectual serio, no en los tribunales de justicia) el dudoso rótulo de pornografía. Por género literario entiendo un conjunto de obras que pertenecen a la literatura considerada como arte, y a las cuales se aplican las pautas intrínsecas del mérito artístico.      Desde el punto de vista de los fenómenos sociales y psicológicos, todos los textos pornográficos entran en la misma categoría: son documentos. Pero desde el punto de vista del arte, es muy posible que algunos de estos textos se conviertan en algo distinto. Las tres hijas de su madre, de Pierre Louys; Historia del ojo y Madame Edwarda, de George Bataille; Historia de O y La imagen, firmadas con seudónimos, no sólo pertenecen a la literatura, sino que se puede explicar claramente por qué estos cinco libros tienen un nivel literario muy superior al de Candy; o al de Teleny, de Oscar Wilde; o al de Sodom, del conde de Rochester; o al de Los amores de un hospodar, de Apollinaire; o al de Fanny Hill, de Cleland. La avalancha de pornografía comercial que se ha distribuido durante dos siglos en forma clandestina y ahora, cada vez más, en forma pública, no basta para impugnar la jerarquía literaria del primer grupo de libros pornográficos; tampoco la proliferación de novelas del tipo de Los insaciables y El valle de las muñecas menoscaba los méritos de Anna Karenina, El gran Gatsby y The Man Who Loved Children. Tal vez la razón aritmética entre la auténtica literatura y la bazofia en el ámbito de la pornografía sea un poco menor que la que existe entre las novelas de genuino valor literario y el grueso de la ficción subliteraria que se produce para halagar el gusto de las masas. Pero probablemente no es menor que la que existe, por ejemplo, en ese otro subgénero con tan mala reputación pero que cuenta en su haber con unos pocos libros de primera magnitud: la ciencia ficción. (En cuanto formas literarias, la pornografía y la ciencia ficción tienen otros varios rasgos interesantes en común). De todas maneras, la medida cuantitativa suministra una pauta trivial. Hay escritos, quizá relativamente escasos, que parece razonable catalogar como pornográficos —suponiendo que esta rancia denominación sirva para algo— a los cuales, al mismo tiempo, no se les puede negar la calificación de literatura seria. Todo esto parecería obvio. Y sin embargo hay indicios de que dista mucho de serlo. Por lo menos en Inglaterra y Estados Unidos, el estudio y la valoración razonados de la pornografía se ciñe estrictamente a los límites de la retórica que emplean los psicólogos, sociólogos, historiadores, juristas, moralistas profesionales y críticos sociales. La pornografía es una enfermedad que hay que diagnosticar y que se presta a la formulación de juicios. Se está a favor o en contra de ella. Y tomar partido respecto de la pornografía no se parece nada al hecho de estar a favor o en contra de la música aleatoria o del pop art, y en cambio se parece bastante al hecho de estar a favor o en contra de la legalización del aborto o de la ayuda gubernamental a las escuelas religiosas. En verdad, los nuevos y elocuentes defensores del derecho y el deber de la sociedad a prohibir los libros obscenos, como George P. Elliott y George Steiner, y quienes, como Paul Goodman, prevén que la política de censura tendrá consecuencias nocivas mucho peores que cualquier daño que puedan producir dichos libros, abordan este tema con la misma propensión a considerarlo fundamental. Tanto los libertarios como los aspirantes a censores están de acuerdo en reducir la pornografía a la categoría de síntoma patológico y de producto social problemático. Existe un consenso casi unánime acerca de lo que es la pornografía, y se la identifica con teorías sobre las fuentes del impulso que lleva a producir y consumir estas curiosas mercancías.  Cuando se la enfoca como tema de análisis psicológico, raramente se la juzga como algo más interesante que meros textos que ilustran una interrupción deplorable en el desarrollo normal de la sexualidad adulta. Según este punto de vista, la pornografía no es más que la representación de las fantasías de la vida sexual infantil, filtradas por la conciencia más experta y menos inocente del adolescente masturbador, para que las compren los denominados adultos. Cuando se la enfoca como fenómeno social —por ejemplo, en relación con el auge de la producción de pornografía en las sociedades de Europa occidental y Estados Unidos a partir del siglo XVIII— el criterio no es menos inequívocamente clínico. La pornografía se convierte en una patología colectiva, en la enfermedad de toda una cultura acerca de cuyas causas existe un consenso casi general. La producción creciente de libros obscenos se atribuye a una herencia purulenta de la represión sexual cristiana y a la pura y simple ignorancia fisiológica, antiguas lacras que se ven ahora sintetizadas por hechos históricos más recientes, por el impacto de dislocaciones drásticas en las formas tradicionales de la familia y el orden político, y por el cambio inquietante en el papel de los sexos. (El problema de la pornografía es uno de «los dilemas de una sociedad en transición», afirmó Goodman en un ensayo que escribió hace varios años). Por consiguiente, existe un consenso casi total en el diagnóstico de la pornografía. Las discrepancias sólo afloran cuando se trata de calcular las consecuencias psicológicas y sociales de su difusión, y de enunciar las tácticas y las políticas a aplicar. Los artífices más esclarecidos de la política moral están dispuestos, indudablemente, a admitir que existe algo así como una «imaginación pornográfica», aunque sólo en el sentido de que las obras pornográficas son símbolos de un fracaso o una deformación extremos de la imaginación. Y tal vez reconozcan que, como han sugerido Goodman, Wayland Young y otros, también existe una «sociedad pornográfica» de la que, en realidad, la nuestra es un ejemplo floreciente, porque se trata de una sociedad edificada con tanta hipocresía y represión que debe generar inevitablemente una explosión de pornografía, entendida esta como su expresión lógica y como su antídoto subversivo y popular. Pero jamás he visto argumentar en sector alguno de la comunidad literaria angloestadounidense que determinados libros pornográficos son obras de arte interesantes e importantes. Mientras se encare la pornografía sólo como un fenómeno social y psicológico y como un foco de preocupación moral, ¿cómo se podría plantear semejante argumento?


Aquí  abajo pueden encontrar Estilos radicales completo ;)
https://goo.gl/5uymYg


viernes, 16 de junio de 2017

Viernes_Ilustradas - Itxasne Ilustration

Itxasne Illustration
Ilustradora Española de 27 años, reside en Valencia. Combina sus bellas ilustraciones con mensajes políticos y poesía de grandes autores como Benedetti o Pablo Neruda.






miércoles, 14 de junio de 2017

Mujeres al Lente - Irina Werning



Irina Werning


Irina fotógrafa argentina, Su trabajo más conocido, son una serie de retratos titulado Regreso al futuro y que consiste, en gran medida, en dípticos compuestos por una fotografía antigua del sujeto y otra moderna, trascurridos 10 o más años, del mismo sujeto imitando la anterior en estilo, vestido y postura. Es una re formulación de una fotografía de la infancia o juventud.Este proyecto ha resultado en más de 200 imágenes tomadas en países como Argentina, Israel, la India, Uruguay, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Dinamarca, Islandia, Eslovaquia, Austria, República Checa, España, Italia, Holanda, Suiza y Grecia. Irina contactaba vía mail con las personas a quien iba a retratar, los convocaba a regresar a un pasado que también era futuro. Muchas veces dormía en sus casas y los acompañaba en ese emotivo viaje en el tiempo.




Podes ver mas de su obra http://irinawerning.com/