miércoles, 26 de julio de 2017

Mujeres_al_Lente - Danielle Tunstall

Danielle Tunstall 

Fotógrafa inglesa especialista en retratos y retoque digital, que se dedica específicamente a imágenes de horror, terror y a veces estética zombi. 
Cuando era pequeña hacía apartarse a todos de en medio para poder fotografiar los paisajes. Ahora hace totalmente lo contrario y generalmente no hay fondo alguno, simplemente la persona como protagonista, siguiendo la máxima de “menos es más”. Lo suyo es pura ficción basada en una realidad que muchas veces supera sus propias imágenes.
Trabaja sus retratos de forma exhaustiva: maquillajes, máscaras, peinados y algunos objetos forman parte del atrezzo que envuelven sus retratos, pero sin duda es la expresión de sus modelos lo que moldea la imagen final, unas expresiones que no solo forman parte de la iconografía del terror, sino que miran hacia dentro de la condición humana para mostrar parte de su composición innata, como la ira, el miedo, la soledad, la muerte o incluso el amor y la esperanza perdidos en medio de tanto caos.

Me llevó años conseguir fotografiar, pero después de reaccionar conseguí que mis modelos estuvieran mucho más dispuestos a no verse tan “convencionalmente fotogénicos”, sino fotogénicos de una forma que es más impactante y emocionalmente más poderosa. Hay belleza en todo, pero no todo el mundo lo ve.
Para mi los retratos no pretenden ser solo un aspecto estético, sino las experiencias que nos pasan y que nos hacen ser quienes somos, como nos sentimos emocionalmente, el funcionamiento de nuestro subconsciente y cómo trabaja la mente.






Más de su trabajo

lunes, 24 de julio de 2017

Isabel Allende / Paula


(fragmento)
Mi madre no había sido preparada para la maternidad, en aquel tiempo esos asuntos se trataban en susurros frente a las muchachas solteras, y la Memé no tuvo la ocurrencia de advertirla sobre los indecentes afanes de las abejas y las flores, porque su alma flotaba en otros niveles, más interesada en la translúcida naturaleza de los aparecidos que en las groseras realidades de este mundo, sin embargo apenas presintió su embarazo supo que sería una niña, la llamó Isabel y estableció con ella un diálogo permanente que no ha cesado hasta hoy. Aferrada a la criatura que crecía en su vientre, trató de compensar su soledad de mujer mal casada; me conversaba en alta voz asustando a quienes la veían actuar como una alucinada, y supongo que yo la escuchaba y le respondía, pero no me acuerdo de ese período intrauterino.
Mi padre tenía gustos espléndidos. La ostentación siempre fue vicio mal mirado en Chile, donde la sobriedad es signo de refinamiento, en cambio en Lima, ciudad de virreyes, el boato es de buen tono. Se instaló en una casa desproporcionada a su posición de segundo secretario de la Embajada, se rodeó de indios de servicio, encargó a Detroit un automóvil lujoso y despilfarró en fiestas, casinos y paseos en yate, sin que nadie se explicara cómo financiaba tales extravagancias. En breve tiempo consiguió relacionarse con lo más granado del mundillo político y social, descubrió las flaquezas de cada uno y mediante sus contactos llegó a enterarse de ciertas confidencias indiscretas y hasta de algunos secretos de Estado. Se convirtió en el invitado infaltable de las parrandas de Lima; en plena guerra obtenía el mejor whisky, la cocaína más pura y las cortesanas más complacientes, todas las puertas se le abrían. Mientras él trepaba los peldaños de su carrera, su mujer se sentía prisionera en una situación sin salida, unida a los veinte años a un hombre escurridizo de quien dependía por completo. Languidecía en el calor húmedo del verano escribiendo páginas interminables a su madre, que se cruzaban en el mar y se perdían en las bolsas del correo como una conversación de sordos. Esas cartas melancólicas apiladas sobre su escritorio convencieron a la Memé del desencanto de su hija, suspendió sus sesiones de espiritismo con sus tres amigas esotéricas de la Hermandad Blanca, puso las barajas de adivinación en un maletín y partió a Lima en un frágil bimotor, de los pocos que llevaban pasajeros, porque en ese período de guerra los aviones se reservaban para propósitos militares. Llegó justo a tiempo para mi nacimiento. Como había traído sus hijos al mundo en la casa, ayudada por su marido y una comadrona, se desconcertó con los modernos métodos de la clínica.
Atontaron a la parturienta de un solo pinchazo sin darle oportunidad de participar en los acontecimientos y apenas nació el bebé lo trasladaron a una guardería aséptica. Mucho después, cuando se disiparon las brumas de la anestesia, informaron a la madre que había dado a luz una niña, pero que de acuerdo con el reglamento sólo podría tenerla consigo a las horas de amamantarla.
–¡Es un fenómeno y por eso no me dejan verla!
–Es una chiquilla preciosa –replicó mi abuela, procurando dar a su voz un tono convincente, aunque en realidad no había tenido ocasión de verme bien todavía. A través de un vidrio le habían asomado un bulto envuelto en una mantilla, que a sus ojos no tenía aspecto completamente humano.
Mientras yo chillaba de hambre en otro piso, mi madre forcejeaba furiosa, dispuesta a recuperar a su hija por la violencia, en caso necesario. Acudió un doctor, diagnosticó una crisis histérica, le colocó otra inyección y la dejó dormida por doce horas más. Para entonces mi abuela estaba convencida que se encontraban en la antesala del infierno y apenas su hija se espabiló un poco, la ayudó a lavarse la cara con agua fría y ponerse la ropa.
–Hay que escapar de aquí. Vístete y saldremos del brazo como dos señoras que han venido de visita.
–¡Pero no podemos irnos sin la niña, mamá por Dios!
–Cierto –replicó mi abuela, quien probablemente no había pensado en ese detalle.
Entraron con actitud decidida a la sala donde estaban secuestrados los recién nacidos, cogieron un bebé y se lo llevaron apresuradamente sin levantar sospechas. Pudieron identificar el sexo porque la criatura llevaba una cinta rosada en la muñeca, pero no dispusieron de tiempo para averiguar si acaso se trataba de la suya y por lo demás el asunto no era de vital importancia, todos los niños son más o menos iguales a esa edad. Es posible que en la prisa me confundieran y en alguna parte hay una mujer con dotes de clarividencia y ojos color de espinaca ocupando mi lugar.
A salvo en la casa me desnudaron para ver si estaba completa y descubrieron un sol en la base de la espalda. Esta mancha es buen signo, aseguró la Memé, no debemos preocuparnos por ella, crecerá sana y afortunada.

viernes, 21 de julio de 2017

Viernes_Ilustradas - Bárbara Gedacht

Bárbara Gedatch autora de Perdón por tan poco

Bárbara Gedatch, es una ilustradora Argentina que por medio de sus tiras cómicas como PERDÓN POR TAN POCO y con un gran alarde de imaginación, crea unas ilustraciones didácticas, humorísticas y completamente preciosas. Dibuja desde siempre y  cuando lo hace su lápiz da por resultado lineas simples, colores plenos,  fondos lisos y simpáticos personajes. 



Más de su trabajo https://www.facebook.com/PerdonPorTanPoco/?pnref=lhc

jueves, 20 de julio de 2017

Mujeres_al_Lente - Graciela Magnoni

Graciela Magnoni

Fotógrafa francesa-uruguaya-brasileña y ha vivido en muchos países desde que era una niña. Durante varios años trabajó como fotógrafa de personal para ISTOE, una revista de noticias en Brasil. Durante los últimos  años Graciela ha viajado por el mundo y se dedicó a la fotografía de calle.   Ella dice que su fotografía es sincera que nunca organiza sus imágenes y que esto hace que sean imágenes autenticas y creíbles.







Más de su trabajo:

http://gracielamagnoni.com/

lunes, 17 de julio de 2017

Rosario Castellanos / Telenovela




El sitio que dejó vacante Homero,
el centro que ocupaba Scherezada
(o antes de la invención del lenguaje, el lugar
en que se congregaba la gente de la tribu
para escuchar al fuego)
ahora está ocupado por la Gran Caja Idiota.

Los hermanos olvidan sus rencillas
y fraternizan en el mismo sofá; señora y sierva
declaran abolidas diferencias de clase
y ahora son algo más que iguales: cómplices.

La muchacha abandona
el balcón que le sirve de vitrina
para exhibir disponibilidades
y hasta el padre renuncia a la partida
de dominó y pospone
los otros vergonzantes merodeos nocturnos.

Porque aquí, en la pantalla, una enfermera
se enfrenta con la esposa frívola del doctor
y le dicta una cátedra
en que habla de moral profesional
y las interferencias de la vida privada.

Porque una viuda cosa hasta perder la vista
para costear el baile de su hija quinceañera
que se avergüenza de ella y de su sacrificio
y la hace figurar como una criada.

Porque una novia espera al que se fue;
porque una intrigante urde mentiras:
porque se falsifica un testamento;
porque una soltera da un mal paso
y no acierta a ocultar las consecuencias.

Pero también porque la debutante
ahuyenta a todos con su mal aliento.
Porque la lavandera entona una aleluya
en loor del poderoso detergente.
Porque el amor está garantizado
por un desodorante
y una marca especial de cigarrillos
y hay que brindar por él con alguna bebida
que nos hace felices y distintos.

Y hay que comprar, comprar, comprar, comprar.
Porque compra es sinónimo de orgasmo,
porque comprar es igual que beatitud,
porque el que compra se hace semejante a dioses.

No hay en ello herejía.
Porque en la concepción y en la creación del hombre
se usó como elemento la carencia.
Se hizo de él un ser menesteroso,
una criatura a la que le hace falta
lo grande y lo pequeño.

Y el secreto teológico, el murmullo
murmurado al oído del poeta,
la discusión del aula del filósofo
es ahora potestad del publicista.

Como dijimos antes no hay nada malo en ello.
Se está siguiendo un orden natural
y recurriendo a su canal idóneo.

Cuando el programa acaba
la reunión se disuelve.
Cada uno va a su cuarto
mascullando un —apenas— "buenas noches".

Y duerme. Y tiene hermosos sueños prefabricados.

viernes, 14 de julio de 2017

Viernes_Ilustradas - Rocio Salazar


Rocío Salazar 

Rocío es una diseñadora e  ilustradora Española, autora del libro “mentiras para ser una mujer de verdad”, ahora conocida por su serie de viñetas llamada "¿Y si no me depilo más?", en las que defiende sus ideas sobre el vello femenino con dibujos "sencillos y directos". Además, ha comenzado otra serie de viñetas titulada 'Ancestras' para "rescatar a grandes mujeres olvidadas de la historia".        







Aquí mas de su trabajo  
@rociosalazarilustradora   

miércoles, 12 de julio de 2017

Mujeres_al_Lente - Melanie Einzig

Melanie Einzig

Fotógrafa con base en Nueva York, miembro de In-Public. Con una formación en arte y fotoperiodismo le apasiona la estética, con gran interés por la gente y la capacidad de identificar los momentos dramáticos clave de cualquier tipo de actividad. Melanie se dedica principalemnte a la fotografía denominada "De Calle" , lo hace de manera muy silenciosa y discretamente para registrar los momentos más genuinos de una forma natural. Junto con los acontecimientos de la vida cotidiana, le encanta cubrir las aperturas de la exposición, galas, actuaciones, reuniones familiares íntimas y bar / bat mitzvahs.







Más de su trabajo: